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Fue el compromiso con la nueva promesa del folk español lo que acogió a tanta gente el pasado 14 de mayo en la sala de la Riviera. Antes de ello, quienes les acompañaron y se encargaron de abrir el concierto en la famosa sala madrileña fueron los gallegos True Mountains, con un punk rock acústico que apenas consiguió distraer un público que esperaba impaciente el concierto de los burgaleses, que hasta pasadas las 21.30 no se dejaron ver en un escenario que quedó pequeño ante una presencia que fue aberrante de principio a fin. Esta vez, la señal de bienvenida fue ni más ni menos que con el crudo sonido de la voz principal y el atronador sonido colectivo del sexteto acústico entrando perfectamente a la par en el segundo verso de una de sus canciones más representativas, “Miles Davis”.

Tras haber conseguido el sold out en la Sala Penélope (Madrid) el pasado 11 de diciembre, La Maravillosa Orquesta del Alcohol volvió a la capital con motivo del ciclo de conciertos de Sound Isidro. Y para no perder las buenas costumbres, todo agotado nuevamente. Nadie puede negar, pues, el auge del grupo, incluso tras haber tocado fuera de España, consiguiendo ser uno de los platos fuertes de muchos de nuestros festivales nacionales e internacionales. Su regreso a la capital fue tan enérgico a como nos tienen habituados; eso sí, con nuevo álbum como carta de presentación, el cual recibió una gran acogida por un público que coreaba cada nueva estrofa que ofrecía su single debut “La primavera del Invierno”.

La puesta en escena de la banda no adquirió ningún cambio significativo. Con la reconocida apariencia que los caracteriza sobre el escenario, el grupo comenzó la interpretación vestidos con las usuales camisetas blancas de tirantes y la disposición propia de cada show en vivo. Como siempre, la “voz cantante” – metafórica y literalmente – la llevó David Ruiz, denotando una gran puesta en escena y una seguridad apabullante, propia de un grupo ya madurado. A la izquierda, Adán Ruiz – guitarra y mandolina -, que en un principio se mostró más concentrado que motivado por la gran escena que tenía delante, poco a poco dejo emocionarse, casi casi como su compañero de al lado lado Joselito Maravillas – “El reverendo del blues” le llaman a su acordeón y coros -, siempre con la sonrisa pintada en la cara y con su boina cuando le tenemos ahí arriba. Nada que envidiar por parte del resto: si a la derecha de éste último teníamos la exaltación del saxofón Alvar de Pablo, Jorge Juan Mariscal – bajo – se hacía notar con el repunte de los gritos femeninos reconfortando varias de las piezas interpretadas. Y, para acabar de pasar lista a esta hermandad, el inventivo batería Caleb Melguizo, con su actitud siempre proactiva y a parte delantera del escenario, junto con el gallego Jacobo Naya – guitarra, piano y percusiones.

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Como no es de extrañar, un concierto así se debe en parte – más o menos dependerá de la puesta en escena del grupo en cuestión – a la Riviera, pues como todos sabemos, el sonido de este lugar es extremadamente nítido. No obstante, cabe mencionar el gran trabajo realizado por los técnicos de sonido, que consiguieron que éste fuera algo limpio y poco distorsionado de la banda, cosa que cualquier persona del público, joven pero algo diverso, supo apreciar. Sin embargo, poco podía apreciarse, pues era tal el fanatismo de éste, que coreaban al unísono cada verso tanto de las antiguas como de las nuevas canciones del grupo, hasta eclipsar la voz de Ruiz. Y es que todos los asistentes estaban tan agradecidos de la calidad de ese directo, como también de su cercanía, que así lo agradecieron: cantando a viva voz y creando, de modo invevitable, una sensación de pelos de punta; con tal magnitud que apenas se podía escuchar el poderío vocal del cantante por encima de los coros de miles de personas. . A ello se sumo la gran puesta en escena de la totalidad del grupo, también conmocionado y con una humildad reconocible ante tanta expectación e involucración por parte de los insistentes, hecho que remarcó David Ruiz, encargado de cerrar la noche presentado el grupo con sumo agradecimiento a sus fans en todo momento como también a los encargados del tal memorable evento.

Y es que La M.O.D.A prácticamente regaló dos horas de pura magia y un reconocimiento absoluto al gran trabajo de composición tanto en el nuevo, como sus antiguos temas del álbum “¿Quien nos va a salvar?”, canciones como Nómadas, Quien nos va a salvar, Vasos vacios, 1932 o uno de los nuevos himnos en la ciudad origen de sus integrantes,Gasolina. Cabe destacar también una gran interpretación de la canción de Silvio Rodríguez Ojalá; presentada por Joselito Maravillas al acordeón y coros, junto con el cantante David Ruiz, fue una interpretacion cargada de emotividad y el guitarrista y poeta cubano. Hay un fuego fue el protagonista en el cierre del sábado de Sound Isidro, siendo un punto crucial en la inclusión de uno de los temas más representativos del grupo, a modo de bis, el cual creó un silencio sepulcral en la sala que hacía resonar cada verso como si no existiera nada más durante esos cuatro minutos que dieron esperanza al público tras un amago por parte del grupo de despedirse justo antes.

Parece que la banda está dirigiendo su carrera en la dirección correcta y vista su puesta en escena sumada a esos valores de humildad y trabajo duro que muestran a sus fans en cada actuación. Conciertos como el que tuvimos la oportunidad de ver en la Riviera el pasado sábado 14 de mayo hacen posible que se mantenga viva la historia de la música española, dando – y esperamos que así siga – la oportunidad de crecer un poco más con cada artista que nace y llega a darse a conocer. Esa posibilidad que nos ofrece un ciclo como Sound Isidro brinda la oportunidad, ya no de llenar estadios y salas, sino de reconocer un entusiasmo por mantener en vida esta nueva generación de grupos nacionales que son capaces de emocionar hasta aforos completos como si de otros se tratasen. Es por ello que mereció y merece la pena descubrir nuevas promesas.

 

By Andrea Genovart