Por Jaime Jurado
Llegó el cuarto y último día del Mad Cool y, por primera vez en todo el festival, el cuerpo empezó a pasar factura. Después de tres jornadas acumulando kilómetros, conciertos y pocas horas de sueño, las piernas ya protestaban antes incluso de cruzar la entrada del recinto. Aun así, todavía quedaba una última noche por disfrutar y el cartel prometía un cierre muy diferente a todo lo vivido hasta ese momento.
Desde primera hora se percibía un ambiente distinto. El público era sensiblemente más adulto que en jornadas anteriores y el recinto presentaba una imagen algo menos concurrida. No era una cuestión de falta de interés, sino de un cartel mucho más orientado a los amantes del rock clásico y de las bandas de culto. Además, la agradable brisa que acompañó toda la noche convirtió el sábado en la jornada más cómoda de todo el festival.
Nuestra primera parada fue The Black Crowes. Los hermanos Robinson ofrecieron una auténtica lección de rock, con un sonido contundente y ese aire clásico que ha convertido a la banda en un referente durante más de tres décadas. Temas como Hard to Handle, She Talks to Angels o Remedy sonaron con la fuerza de siempre y demostraron que hay canciones que nunca pasan de moda.

Después llegó uno de los conciertos más íntimos de toda la edición. Matt Berninger, inconfundible voz de The National, presentó un repertorio cargado de sensibilidad y elegancia. Su actuación sirvió para bajar ligeramente las revoluciones antes del tramo final de la noche y confirmó que también hay espacio para propuestas más pausadas dentro de un festival de estas dimensiones.
Con la noche ya completamente asentada apareció Nick Cave & The Bad Seeds. Hablar de Nick Cave es hablar de uno de los grandes nombres de la música contemporánea y volvió a demostrar por qué su directo es una experiencia difícil de comparar con cualquier otra. Desde el primer momento mantuvo una conexión absoluta con el público, alternando momentos de intensidad casi sobrecogedora con otros de enorme emoción. Canciones como From Her to Eternity, Red Right Hand, Jubilee Street o el emocionante cierre con Into My Arms convirtieron su actuación en uno de los momentos más especiales de todo el festival.

El gran dilema de la noche llegó con el inevitable solape entre Nick Cave y el concierto de David Byrne y, más tarde, entre David Byrne y Pulp. Una vez más tocaba elegir, y esa es probablemente la única crítica que puede hacerse a una programación de tanto nivel. Nosotros decidimos reservar las últimas fuerzas para Pulp, aunque eso significara renunciar a buena parte de la actuación del exlíder de Talking Heads.
La espera mereció la pena. Jarvis Cocker apareció sobre el escenario principal demostrando que el carisma no entiende de edades. Pulp firmó un concierto brillante, elegante y lleno de guiños a una carrera imprescindible dentro del britpop. Sonaron clásicos como Disco 2000, Do You Remember the First Time?, Babies y, cómo no, una celebradísima Common People, que convirtió el cierre del Mad Cool en una auténtica fiesta compartida por varias generaciones.
¡Nos vemos el año que viene!
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