Por Jaime Jurado
El tercer día de Mad Cool volvió a cambiar por completo de ambiente. Después de dos jornadas marcadas por el calor, el viernes una ligera brisa hizo mucho más agradable la estancia en el recinto. Pero la gran diferencia no estaba en la temperatura. Bastaba echar un vistazo alrededor para comprobar que las camisetas de la selección española superaban con claridad a las de cualquier banda del cartel. España se jugaba el pase a las semifinales del Mundial y el festival supo entender que, por una noche, la música iba a tener que compartir protagonismo con el fútbol.
La organización instaló una pantalla gigante frente al escenario principal para que nadie tuviera que elegir entre el partido y los conciertos. El resultado fue una imagen difícil de olvidar: miles de personas siguiendo el encuentro con la misma intensidad con la que unas horas después cantarían los grandes éxitos de Kings of Leon o Twenty One Pilots. Durante un buen rato, el Mad Cool dejó de ser únicamente un festival para convertirse en una enorme fan zone.
Nuestro primer concierto de la jornada fueron Pixies. Los estadounidenses volvieron a demostrar por qué siguen siendo una de las bandas más influyentes de las últimas décadas. Sin apenas dirigirse al público, fueron enlazando clásicos como Debaser, Monkey Gone to Heaven, Here Comes Your Man o el esperado cierre con Where Is My Mind?, recordando que hay grupos cuyo repertorio habla por sí solo.
Con el partido llegando a su desenlace, el escenario principal recibía a Kings of Leon. La banda de Nashville entendió perfectamente el momento que se estaba viviendo. Nada más conocerse la clasificación de España para las semifinales del Mundial, el recinto estalló en una celebración que también se trasladó al escenario. Las pantallas anunciaron la victoria de la selección y, poco después, Nathan Followill apareció luciendo una camiseta de España, un gesto que fue recibido con una enorme ovación por parte del público.

Superada la euforia futbolística, Kings of Leon tomaron definitivamente el control de la noche. Temas como The Bucket, On Call, Use Somebody o Sex on Fire sonaron con un recinto completamente entregado, en uno de esos conciertos en los que resulta difícil distinguir qué hace más ruido, si la banda o el público.
La última gran cita de la noche llegaba con Twenty One Pilots. Tyler Joseph y Josh Dun volvieron a demostrar que lo suyo va mucho más allá de un concierto. Su espectáculo combina música, narrativa, efectos visuales e interacción constante con el público hasta convertir cada actuación en una experiencia. Tear in My Heart, Ride, Stressed Out, Heathens o el espectacular final con Trees desataron la locura entre los miles de asistentes.
El único inconveniente volvió a ser el de siempre: los solapes. Mientras Twenty One Pilots hacían vibrar el escenario principal, Polo & Pan llenaban de electrónica y buen ambiente el escenario The Loop. Pudimos acercarnos durante un rato y comprobar el ambiente festivo que habían creado los franceses, aunque, una vez más, el horario obligó a elegir y fue imposible disfrutar de ambos conciertos completos.

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