By Ángel Palacio

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Ataviados con sus mejores galas para la ocasión, los asistentes con camisetas de Muse y de Levi’s casi a partes iguales campan por los alrededores del estadio Metropolitano ya desde 2 horas antes de la gran cita. Los teloneros lo merecen, pues la organización encomendó la tarea de caldear el ambiente a dos bandas de nombre a priori poco reconocible pero en cuyas filas militan músicos de primera división.

Inauguró la tarde Mini Mansions, proyecto en el que Michael Shuman y John Philip Theodore de Queens of the Stone Age dan rienda suelta a sus impulsos más funkis y glam junto con Tyler Parkford, recientemente fichado por Arctic Monkeys como teclista para su última gira. Tras ellos, Nic Cester, frontman de Jet, dio un impecable bolo de rock bluesero con la banda que le secundaba, donde aún así no faltó el clásico “Are you gonna be my girl”.

Después de unos preliminares de auténtico lujo, esperaremos durante algo más de media hora a los protagonistas de la noche. Llegadas las 21:45, el 100% de las localizaciones han sido ocupadas, en la pista no cabe un alfiler (salvo en la zona VIP, saquen sus conclusiones) y coincidiendo con la marcha del último rayo de sol una tropa de bailarines entra en escena portando trajes luminosos a ritmo de Algorithm, primera pista del último trabajo de Muse, Simulation Theory. Luces y láseres en tonos de neón rosa ya nos dicen que el motivo conductor del espectáculo será esa nostalgia ochentera que enmarca el mencionado último trabajo de principio a fin. Empezamos a oír la voz de Matt Bellamy, quien tras unos versos por fin emerge del suelo en una plataforma posando al más puro estilo Mercury. Y el concierto empieza. Algorithm se interrumpe (la oiremos completa más adelante) y suena Pressure, el único y espectacular hit del nuevo álbum y por tanto una elección ideal para meter al público en su  universo. En poco más de media hora consumen importantísimos cartuchos como Psycho, Uprising, Plug in Baby o Supermassive Black Hole, intercalados con temas del nuevo álbum,  que sonará casi entero a lo largo de la primera hora.

muse madrid

La grandilocuente puesta en escena, con Bellamy alternando entre diversas gafas y chupas a cada cual con más luces, unida a la necesidad de llevar y traer nuevos instrumentos a escena,  distancia a la banda del público entre tema y tema. Un público que tampoco pone mucho de su parte, muy señorito y pipero en las gradas, más atento en ocasiones a su porción de pizza que a corear cuando Matt Bellamy alzaba el micro.

Habiendo alcanzado la mitad del espectáculo los mas geeks han tenido ya ocasión de deleitarse con el desfile de material que los de Devonshire exhibieron. Bajos de la marca Status decorados con leds o con doble mástil diseñados por el bajista de la banda Chris Wolstenholme, o la guitarra con sintetizador táctil con la que Bellamy hace dubsteb en The 2nd Law: Unsustainable (de la firma Manson que el propio Matt adquirió recientemente) fueron los elegidos para producir los demoledores riffs cargados de fuzz y compresión que caracterizan el sonido del grupo.

Precisamente tras el citado tema llegó uno de los episodios más emocionantes de la noche, cuándo sonó Dig Down en acústico mientras el público enfocaba los flashes de sus móviles hacia el escenario, probablemente el momento de mayor conexión entre los músicos y el gentío.

Llega un pequeño descanso para preparar el inmenso hinchable que presidirá el escenario hasta el final y para que el simpático batera Dominic Howard cambie su camiseta por una del Atlético, tras el cual el grupo sacó su vena más metalera con los temas Time is Running Out y Houston Jam. No mucho después llegarían las por muchos esperadísimas Starlight y Knights of Cydonia, para cerrar un setlist ejecutado de manera impecable, donde no vimos que la voz de Bellamy flaqueara ni por un segundo en las dos horas de concierto. Un setlist bastante cuestionado por los fans más antiguos de Muse, en la que los primeros trabajos de la banda tuvieron presencia casi nula. No deja de ser llamativo que se tocaran 3 temas del denostado The 2nd Law, y de su primer álbum, el venerado Showbiz, no tuviéramos ocasión de oír ni un solo tema. De Origin of Symmetry, posiblemente su disco más celebrado, sólo nos regalaron una.

Llega así a su fin una noche en la que el espectáculo y el virtuosismo musical primaron sobre la fiesta y el baile, cosa con la que la mayoría parece cómoda. Sólo queda esperar y especular sobre lo que los ingleses tendrán en la recámara para su próxima entrega, cita a la que no fallan cada 3 años.