La noche del último viernes de junio de 2019 será recordada por muchos como “la noche en la que Andrés Calamaro confirmó que el rock en castellano sigue removiendo entrañas“. Y es que, aparte del cartel de “todo vendido” que colgaba en la entrada al recinto”, hubo varios motivos que llevan a hacer esta afirmación.

El primer motivo de su triunfo fue evidente: el artista argentino se mostró implacable sobre el escenario. Acompañado por una banda de formación clásica (guitarra, bajo, teclado y batería), Calamaro comenzó a desenfundar balazo tras balazo en forma de clásico atemporal del rock en castellano. “Alta Suciedad” abrió el directo y fue la primera joya de las más de veinte que la seguirían. Mientras tanto, el maravilloso e idílico recinto de las Noches del Botánico, asombrado y entregado ante tanto fulgor, miraba con admiración cada uno de sus pasos.

El segundo motivo fue por el arrollador carisma del que hizo gala. Con tantos años en la música es normal que se sienta como pez en el agua, pero cuando actúa en Madrid se le siente con una marcha mas. Hasta le dedicó el verso que aquí abajo adjuntamos a la ciudad, lugar que le vio crecer como cantor allá por los 80.

Botánico lunático, jardín aristocrático de versos académicos,
tu verso filatélico, tu sílaba socrática de crin polifacética.

Madrid, o no soy nada. Domingo, viva Zapata, torero caro,
tus naturales dorados de mona lisa refractaria.

Botánico maravilla, Madrid es plaza de toros de judíos y moros,
me despido mientras tanto para enfocarme en el canto que me sale por los poros.

Para agrandar aún más la noche contó con la colaboración de Coque Malla en tres de sus canciones, “Tuyo Siempre“, “Crímenes Perfectos” y “Flaca“, corte que sonó en el bis y que terminó por remover las entrañas del respetable que acudió al Botánico antes de sentir la última canción: “Me Estás Atrapando Otra Vez“.

Si pudiéramos ponernos en la piel de Calamaro habríamos experimentado lo que siente un torero a la hora de pisar una plaza. Porque así se movía Andrés por el escenario y así gesticulaba en cada movimiento, dando pases de pecho y brindando cada canción como si de una faena se tratara.

Fiel a sus ideas y a sus convicciones, Andrés Calamaro volvió a su ciudad de adopción para confirmar que los años no pasan por su música y que continúa siendo una de las figuras más importantes del rock en español.