Mucho ha vuelto. De otra forma. En otro formato, pero ¿puede Martí bajar a jugar?, su nuevo disco, ya está aquí. Esta entrevista no habría sido posible sin Carlos Ryder, que un día hace mucho tiempo hizo que ¿Hay alguien en casa? formara parte de la playlist de mi vida y, además, me ayudó a darle forma a algunas preguntas de esta entrevista. Mucho ha vuelto. Martí Perarnau ha vuelto y estamos aquí para escucharle.
Entrevista por Sara Cartas. Fotografías por Jorge Herráez.
Iba a ir ayer a la firma, pero el capitalismo no lo permitió, porque había que trabajar.
Por lo que sea, el capitalismo nos lo está poniendo difícil últimamente. Lo entiendo.
Lo primero que te quería preguntar es: en 2026, después de tanto tiempo, ¿cómo definirías tú Mucho después de no haber sacado nada en todos estos años?
No sé definirlo. Sinceramente, son mis canciones.
¿Y cómo diferenciarías a Perarnau IV de Mucho?
Pues lo de Perarnau IV sí que lo inicié siendo un proyecto que para mí era de electrónica. Hoy, si me apetece hacer sesiones de electrónica en casa y editarlo, pues también eso. Y cuando me puse a hacer esas canciones, la primera que grabé una voz y escuché esa voz, le puse play y escuché mi voz y dije: «pues es que lo tengo que llamar Mucho», porque no sé llamarlo de otra manera. No sé describirlo más allá de eso, que cuando escucho mi voz sobre la música que hago, ya mi cerebro, después de tantos años, lo asocia automáticamente a Mucho. Llamarlo de otra manera se me hubiera hecho extraño. De hecho, es una conversación que tuve con Boba de León Benavente, porque este año estaba girando con ellos, y él todo el rato me decía: «pero es que…», sin haberlo escuchado, «no puedes firmarlo como Mucho, tienes que firmarlo como Perarnau IV». Y yo dije: «¿por qué? Estás equivocado, Boba». Yo, cuando escucho esto, me suena a Mucho, así que lo llamé Mucho. Y Boba, cuando le mandé el disco, me dijo: «tienes razón, es Mucho».

¿Y el título fue lo primero que pusiste?
Sí, fue lo primero que puse en la carpeta. Pero no iba a ser un disco ni nada, eran simplemente experimentos musicales que estaba haciendo en el estudio. Eran experimentos que no he podido hacer en discos a veces, porque son un poco radicales y a lo mejor la gente no busca ese sonido. Entonces esos experimentos, al final, fueron ideas musicales. Un día me puse a cantar encima de una, y fue la que ha salido de single, la de «Se puede bailar no sé qué, no sé qué». Entonces al final dije: «ah, mira, pues una canción».
¿Y cómo llegó ese título?
Ese título llegó porque estaba en la letra. Las letras del disco sí las he escrito muy de escritura automática, rollo que me despertaba y escribía un texto recién despertado, en esa sensación que todavía estás de duerme vela. Y luego no lo volví a leer. Menos esta canción, que la escribí viniendo en coche a Madrid y me paré en una gasolinera a escribirla. Cuando escribo letras, escribo un texto muy tocho, sin ningún tipo de filtro, y no sé ni si serán una letra, ni si riman, ni si será nada. A veces en la nota del móvil, a veces en el ordenador, o a mano, o lo que sea. Y cuando me pongo a cantar, cojo esas letras a modo de red de seguridad por cantar algo, y entonces de repente cogí ese texto y esa frase estaba en el texto, y de repente cantar esa frase sobre el estribillo fue: «ah, pues esto es el estribillo de la canción». Y así se quedó.
Es como que es así porque surge.
Sucede y ya está. Luego yo podría haber tenido un poco más de visión de marketing y haber puesto un título que no fuera imposible para decir para mí mismo, pero eso ya no lo pensé.
Al final es una pregunta que se hacen entre los niños.
¿Tú crees que como adulto necesitas permiso de la industria, de la sociedad, de los demás, para poder hacer las cosas?
Pues ahora ya no. Durante un tiempo sí que pensé que necesitaba el permiso. Tenía expectativas puestas en mi proyecto musical para vivir de ello, por ejemplo. Porque no sé si ha sido el capitalismo, como tú dices, o quién, o qué. Ha sido el sueño. Mucho era conseguir vivir de tu proyecto musical, que eso fuera tu profesión. Y eso realmente a mí se me convirtió en una trampa, tanto que lo que sucedió es que se me quitaron las ganas de hacer canciones, porque lo de vivir de mi proyecto se hizo muy difícil. Ahora, en lugar de esperar el permiso de la industria ni de nadie, he pensado que puedo no tener expectativas y puedo no esperar vivir de mi proyecto. Y desde que no espero vivir de él, puedo hacer canciones sin esperar nada a cambio, ni siquiera sin pensar en que nadie las va a escuchar. Y la verdad que estoy muy feliz así.
A veces es irónico, porque no cumples el sueño primerizo, pero a lo mejor…
Pero eres más feliz.
Claro, a lo mejor era un sueño equivocado.
¿Crees que puede ser ese el problema de muchas bandas o artistas emergentes que se acaban perdiendo en el «yo tengo que triunfar de esto y si no, no es nada»?
Creo que hay una esclavitud, sin duda, tanto emergentes como no emergentes, que sucede en la música, que es que si tú puedes hacer un primer disco, yo qué sé, montas un grupo con tus amigas, sacas un primer disco, os lo pasáis muy bien haciéndolo y ese disco va muy bien, rollo que podéis hacer muchos conciertos. Entonces, cuando haces el segundo disco, ya lo que tú esperas es que vaya a más. Y entonces ya, cuando haces esas canciones, ya las haces desde una obligación de que eso siga pasando.
Y que te acabas esclavizando a ti mismo, creo yo.
Claro, es una forma de esclavitud. Es que esto del capitalismo en realidad es tan inteligente que te esclaviza de miles de maneras posibles. Entonces yo esto de no tener que depender de tu proyecto para que sea tu trabajo, pensé que nunca sería algo que diría, pero me parece que a mí me ha liberado mucho, la verdad.
¿Y crees que en el momento político en el que vivimos, que se ve perfectamente en el álbum, es fácil que convivan las cosas de las que tú hablas, de «es posible bailar en esta situación» y buscar tu niño que está ahí dentro con la mierda en la que vivimos todos los días?
Claro. Pues no queda otra, porque si no… yo lo que he experimentado en mi vida es que si voy con la rabia acarreándola todos los momentos de mi vida, entonces se convierte la vida en imposible. He empezado a hacer meditación trascendental desde que vivo en el pueblo hace 3 años y ahora he descubierto que sigo sintiendo la misma rabia, que la pongo en las canciones, pero he conseguido no liberarme de ella, porque es imposible solo viendo lo que sucede. Pero sí que he conseguido colocarla en un sitio que me permite afrontar la vida desde la felicidad y el optimismo, y en algunos momentos decir: «el mundo es una puta mierda, quiero destruirlo todo». Pero no es ya una rabia que me ahoga y me impide vivir.
Entiendo que el disco nace de este punto de poder balancear las dos cosas.
Sí. Creo que en el disco hay más rabia de la que siento que tengo yo en mi día a día. Creo que a lo mejor en esa escritura automática sí que ha sucedido un poco que mi subconsciente ha querido sacar toda la mierda que me atraviesa del sistema y todas las dificultades de este capitalismo voraz que vivimos. Y entonces creo que volcarlo en las canciones a mí me sienta bien y me ayuda luego a tener un día a día más feliz, aunque a veces sea un poco por enajenación y quizá no querer abrir los ojos a lo que sucede realmente. Pero de alguna manera hay que vivir.
¿Crees que es importante que esta conversación y el ser explícito en la situación que tenemos es importante? Ya no solo con artistas, sino que creo que también quizá entre los colegas o entre la familia sigue siendo un poco tabú hablar de política, ¿no? Porque vamos a discutir. ¿Crees que es importante que esa conversación se tenga?
Creo que es muy importante. Y creo que es una conversación que históricamente en este país se ha evitado, ¿no? O sea, aquí tuvimos un dictador que fue un puto horror para este país, y la manera que tuvo este país de salir de la dictadura fue intentando decir que aquí no ha pasado nada y que hay que reconstruir, y que aquí no hubo malos ni buenos ni no sé qué. Y claramente no ha sido una gran solución, ¿no? Ha sido la solución quizá más masculina que se podía tomar, esa cosa que hacemos los hombres de «no sabemos cómo hablar de esto ni cómo entablar esta conversación, así que no podemos expresar nuestros sentimientos, mejor nos callamos y lo solucionamos tomándonos unas cervezas». Y en realidad nunca lo solucionamos y eso se va quedando dentro hasta que de repente vuelve el franquismo. Pues entonces yo creo que sí, que es una conversación que hay que tener en las familias y en todos lados.
¿Pero por qué crees que no se tiene? Porque muchos artistas también son como: «no, yo estoy aquí por mi música y mis opiniones no le tienen que importar a nadie».
Bueno, yo esa división nunca la he entendido. A mí esos artistas creo que no me interesan mucho. Entiendo que hay una parte de los artistas que hacen música desde el entretenimiento y desde la parte puramente industrial, pero a mí se me hace imposible separar una cosa de la otra. No digo que haya que hacer canciones explícitamente políticas y decidir hacer como la de “no soy español”. No digo que haya que hacer eso, pero creo que históricamente todas las canciones han sido políticas. Te puedes ir a escuchar el mismo «Day in the Life» de los Beatles, es una canción claramente política. O sea, política hay en todos lados, hay en todas las cosas que hacemos. Separar eso a mí me parece una actitud que ya es bastante un poco filofascista. Todos esos que dicen: «no vengas aquí a hacerme un mitin político, he venido al concierto solo a disfrutar». Un acto artístico siempre muestra una ideología. Si tu ideología es no decir nada, eso también es una ideología.
He notado que pones mucha rabia en muchas de las canciones, pero también con una en particular, con «Escombros», he notado como cierta… no sé si llamarlo culpa o responsabilidad, pero hasta qué punto nos inundamos de esa culpa o responsabilidad por la situación, que creo que es un poco la dicotomía de «tengo que hacer algo, pero a la vez si lo hago yo solo no es suficiente». ¿Hasta qué punto te invade eso a ti?
Me ha invadido mucho. Ahora desde el pueblo también. Cuando fue el 15M, a mí generacionalmente me pilló yendo mucho a Sol y en todas las movidas, y ahora me ha pillado en el pueblo todo lo del sindicato de vivienda. Y me he sentido en plan: «no estás haciendo nada por esto porque estás aquí en el pueblo, tienes tu trabajo, no hay manera de ir, y está ahí la gente poniendo el cuerpo y haciendo la lucha». Entonces hay una parte de culpabilidad, pero también hay una parte de superorgullo porque la gente esté despertando y tampoco puedes estar todo el rato ahí. Así que en realidad a mí me da mucha felicidad. La canción de «Escombros» es de esas canciones que realmente yo no sé muy bien de qué va todavía. En todos los discos que hago hay alguna de estas. Luego con el tiempo te vas dando cuenta. Justo la de «Escombros» hay una culpa, pero no tengo muy claro de qué habla.
¿Culpa de qué?
Esa sí que es una letra que tiene muchos años, que la hice durante la pandemia.
Durante la pandemia también pasé unos momentos de mierda, ese texto quizá no me pilló en mi mejor ánimo. No sé muy bien de qué habla, pero para mí tenía mucho que ver con todo el disco y siento que es una canción superpersonal que cuando la escucho me da como congoja e incluso ganas de llorar. Entonces hay algo ahí que me conecta mucho y todavía no he descubierto exactamente de qué va. Pero bueno, esto me ha pasado en todos los discos.
Sí, es muy curioso que el propio artista no lo acabe de descubrir.
Sí, lo vas descubriendo con el tiempo. De hecho, yo estoy muy agradecido de hacer entrevistas ahora con el disco, de hacer la listening party, o incluso de que salga el disco, porque realmente hay ciertas cosas que no descubres de ti mismo o de las canciones hasta que las explicas o alguien te pregunta sobre ellas. Entonces a mí esto de hacer entrevistas me encanta, porque por ejemplo ahora tengo esta conversación contigo y ya me estaré preguntando cosas y estoy más cerca de averiguar de qué van algunas cosas, y eso siempre me gusta. Me pasó con una canción antigua, no sé si era la del enemigo o alguna del disco anterior, que tardé muchos años en descubrir de qué iba. Y bueno, funciona así a veces. No sabes muy bien de dónde vienen las canciones.
A mí eso me ha pasado con la de «La habitación», que lo he interpretado como un interludio, pero no he acabado de entenderla.
Claro, yo tampoco sé muy bien de qué va. O sea, hay algunas canciones que vienen completamente del juego, y para mí era una canción divertidísima de escuchar y cada vez que la pongo me encanta. Bueno, ahora yo no escucho mi música, pero cuando la estaba haciendo me encantaba y no tengo muy claro de qué iba. O sea, son dos frases que realmente no dicen mucho. Y a mí ahora en el disco, ayer la última vez que lo escuché, pero creo que ya no lo volveré a escuchar en muchísimo tiempo, me dio la sensación de que en el disco funcionaba en plan: «quien se ponga el vinilo, da la vuelta, pone la cara B y la primera que se encuentra esa doble vuelta a la habitación». Es en plan: «vale, solo habla de darle la vuelta al disco». O sea, es una canción meramente funcional. No tengo ni idea tampoco de qué va, pero bueno, me gustaba, me parecía que funcionaba a nivel conceptual.

¿Y qué crees que hace falta para que haya un próximo disco de mucho de cara al futuro?
Pues creo que si sigo haciéndolo desde este sitio, creo que tendré ganas de hacer un disco pronto. Me lo preguntó mi padre también en la escucha, cómo has podido hacer una canción como la de «No soy español» u otra que se mete en muchos fregados, y no haber tenido el reparo de sacarla y tal, es porque realmente cuando yo estaba haciendo el disco no sabía ni si iba a salir. Como pensaba que nadie lo iba a escuchar, yo puedo hacer todo eso sin pensar en ninguna de las consecuencias. Si sigo trabajando así, creo que no voy a tener problema en hacer música.
¿Y habrá conciertos en directo?
Sí, voy a hacer uno aquí en Madrid el 10 de marzo en la Sala Sol, que lo anunciaremos la semana que viene. Creo que tengo un par de más conciertos pequeños, y no sé si habrá muchos más, porque con esto que te decía de las expectativas no quiero que se me haga mochila. Sii salen conciertos, tiene que ser que me apetezca genuinamente hacerlos.
Sí, mejor tener pocos y tener ganas de hacerlos.
Eso es. Y me tengo que inventar cómo será, porque sí que sé que ya que el disco lo he hecho todo yo solo y que eso forma parte del carácter intrínseco del disco, quiero hacer el bolo también yo solo, montarme en un laboratorio en el escenario y hacerlo yo solo. Entonces estoy un poco acojonado.
Se viene hombre orquesta.
Sí, y no quiero que sea un acústico, quiero que sea eléctrico como el disco.
¿De dónde viene el querer hacer el disco tú solo en lugar de estar acompañado con otras voces?
Pues fue justo por aprender, porque yo desde pequeño soy una persona muy obsesiva, me lo decía mi madre, que eso era un problema. Me lo decía cuando escuchaba a los Beatles obsesivamente. Luego de mayor he tenido obsesiones que no han sido sanas. Pero he descubierto que la de descubrir hacer música en el estudio y el mundo del sonido y la mezcla y la producción es una obsesión que es infinita porque no se para de aprender, y creo que una vida no es suficiente para aprender todo lo que eso conlleva. Creo que es una obsesión sana que sí que con ella puedo ser muy feliz, así que lo que quiero es volcarme a saco con esa y concentrarme en esa obsesión.
¿Te ves capaz de compaginar todos estos proyectos al mismo tiempo?
Pues no lo sé, la verdad. En la parte del directo tengo bastante trabajo porque siempre hago conciertos con Zahara y ahora también los hago con León Benavente. Por eso lo de Mucho quiero hacerlo cuando realmente me apetezca y no sea superdificultoso. Y la parte del estudio veo que sí lo puedo ir haciendo con tiempo todos, porque elijo los proyectos poco a poco y sobre todo los elijo si se puede hacer el trabajo bien y teniendo tiempo. Yo las prisas no me sirven mucho.
Las prisas del capitalismo, otra vez.
Otra vez, todo lo mismo.
Muchas gracias por todo, Martí.
Vale, pues muchas gracias, Sara, un gusto.
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