El concierto de Hermanos Gutiérrez en Barcelona fue de aquellos que te transportan a otro lugar gracias a su música. Que se celebrara en un entorno como es el Gran Teatre del Liceu acompañó a esa sensación, creando el escenario perfecto para dejarse llevar por sus guitarras y recorrer, sin moverse de la butaca, paisajes lejanos. Lugares al otro lado del charco, desiertos, océanos y carreteras que durante una hora y media parecían estar mucho más cerca.
Cada canción llegaba acompañada de una pequeña introducción, contando una historia o creando una imagen que ayudaba a ponerle contexto a lo que luego ocurría con las guitarras.
No se puede negar que la música de Alejandro y Estevan tiene algo de películas del Oeste, de atardeceres en la estepa y de viajes por carreteras solitarias. Como buenos hermanos, se reparten las interacciones, se escuchan y se dejan espacio para contar alguna anécdota o broma. No faltaron tampoco los agradecimientos y cumplidos entre ambos, algo que, con más de diez años de carrera juntos, tiene bastante mérito. Los que tenemos hermanos sabemos de lo que hablamos.
Porque si algo demostraron durante el concierto es que no necesitan demasiados elementos para llenar un escenario. Con una puesta en escena sobria y minimalista, las canciones se iban construyendo poco a poco: a la base que Alejandro creaba, Estevan le iba añadiendo percusión y loops que hacían crecer cada tema.
Uno de los momentos más especiales llegó con su nueva canción Los Ojos del Cóndor, que da nombre a su próximo disco y que presentaron como una declaración de amor a Sudamérica. La imagen del cóndor sobrevolando los Andes, que atraviesan siete países de América del Sur, y los paisajes que se extienden a ambos lados de la cordillera fueron el punto de partida de este nuevo álbum, que podremos escuchar el próximo 25 de septiembre. Un disco que, además, continúa la colaboración con Dan Auerbach, de The Black Keys, que ya comenzó en El Bueno y el Malo y que parece haberles funcionado muy bien hasta ahora.
Escucho música compulsivamente, voy a conciertos siempre que puedo y luego intento resumirla en recomendaciones para que descubras tu próximo grupo favorito. Casi siempre entre canciones íntimas, melodías que se pegan sin avisar y ritmos que invitan a cerrar los ojos.








