Bill y Holden son el FBI y lo saben. En las desapariciones las primeras horas son letales. El tiempo es el enemigo y cuanto más transcurre, menor es la esperanza de encontrar al sujeto con vida. Queremos creer que todo saldrá bien, pero en el fondo sabemos que algo ha ocurrido y que tarde o temprano tendremos que aceptarlo. Por eso cuando el pasado agosto se estrenó la segunda temporada de la maravillosa Mindhunter y Netflix guardó silencio sobre el futuro de la serie siempre mantuvimos la esperanza, pero en el fondo lo sabíamos. Bill y Holden lo sabían. El tiempo era el enemigo y nuestros peores temores han sido confirmados: no habrá tercera temporada de Mindhunter. Al menos no a corto plazo.

Y parece que el principal culpable es el señor David Fincher, ocupado con otros proyectos más importantes, entre ellos la dirección de Mank, su nuevo largometraje, y la producción de la originalísima Love, Death & Robots. Ambos proyectos, también apuestas de Netflix, dibujan la agenda del director norteamericano en este 2020 y posponen sin fecha de vuelta asegurada nuestra querida Mindhunter. Pero, ¿acaso hay algo más importante que Mindhunter? ¿Por qué Netflix no pelea por ella?

 

Mindhunter, alejada de estereotipos

 

Quizás el principal problema para la plataforma sea precisamente lo que para los enamorados de Mindhunter resulta una bendición: no es la típica serie de Netflix. Mindhunter no es inmediata, no es sencilla y tiene su propio ritmo, tan impropio del catálogo de Netflix. No te da sólo entretenimiento instantáneo de consumir y olvidar, sino que quiere ir más allá. Aquí los protagonistas Bill y Holden no se ven envueltos en espectaculares y superficiales tiroteos que en un momento dado acabarán y olvidarás. No. Aquí los agentes charlan amistosamente en una prisión con los mayores psicópatas de la época, escuchan sus secretos, tratan de entenderlos, se despiden y se van a casa a digerirlo. No reciben balazos, pero emocionalmente quedan destrozados por determinadas circunstancias que sólo ese ritmo notablemente lento es capaz de permitir. Es Seven, con esa ambientación única y todo lo que ha hecho grande a Fincher. Un proyecto diseñado a largo plazo que ahora se rompe, precisamente cuando ya había arrancado, con tantísimo que ofrecer.

Una verdadera lástima, porque la noticia llega en un momento en el cual Netflix parece abrirse nuevos horizontes, ampliando su catálogo con cine de culto, nuevos proyectos (como los que prepara con el propio Fincher) e incluso atrayendo a genios de la altura de Scorsese (El Irlandés). Y la no continuidad de Mindhunter supone un paso atrás, darle la razón a aquellos que siempre han criticado que Netflix anteponga la cantidad a la calidad.

Series tan entretenimiento puro y tan Netflix como Sex Education, You, The End of the F***ing world o Big Mouth son necesarias y disfrutables, pero del mismo modo en que la música extraña a Oasis, el fútbol necesita a Messi, o la hamburguesa sabe mejor con kétchup, Netflix era mejor con Mindhunter. Y Bill y Holden lo sabían.

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By Pedro González