Los Acebos aka Alberto Rodríguez acaban de publicar 23, su primer álbum de estudio. Doce canciones que resumen con melodías y letras toda la trayectoria de la banda desde su formación en 2023.
Producido por Juan De Dios, el disco trata sobre «expresar que siempre se puede romper con todo, con la rutina, con un trabajo que odios, con planes de “amigos”… que simplemente están ahí porque es tu zona de confort. “23” habla de luchar por un sueño, de trabajar sin descanso, de pasar todo un viaje emocional simplemente con un propósito: “sentirte vivo cada día, hacer que cada minuto cuente…”.
Había mucho que contar, por ello hablamos con Alberto sobre orígenes y futuro.
Entrevista a Los Acebos
Los Acebos nace en 2023 como una “urgencia creativa” en un momento decisivo de tu vida. ¿Qué estaba pasando entonces para que la música se convirtiera en una necesidad tan inmediata?
Realmente me vi envuelto en una rutina que no me gustaba nada. Había dejado todos mis hobbies a un lado y le dedicaba muchísimas horas a mi curro; incluso había dejado de tocar la guitarra por completo. Cuando me di cuenta, todo aquello que me apasionaba ya no estaba. Entonces me dio por componer canciones, sin ninguna pretensión.
Por casualidades de la vida, pude grabarlas en el local de ensayo, y a partir de ahí todo comenzó. Pude mandar las maquetas a medios y promotores, y también presentarlas en los escenarios. Al final, todo fue rodando solo.
Hay una imagen bastante cinematográfica del origen del grupo: tú, Alberto, pasando de niño de replicar con la guitarra los directos de Red Hot Chili Peppers y Led Zeppelin a construir un proyecto de indie rock propio. ¿Recuerdas cuál fue el primer momento en el que pensaste: “quiero hacer mis propias canciones”?
Siempre me rondaba por la cabeza la idea de hacer mis propias canciones. En las cientos de horas que pasaba con la guitarra en la mano, viendo la tele o charlando con gente, a veces salían algunas melodías que me atrapaban. Se quedaban ahí un tiempo y las tarareaba por encima.
Pero siempre me había dado por pensar que era dificilísimo componer una canción, grabarla, meterle más instrumentos… Hasta que un día cogí el ordenador y, con un DAW, me puse a ello. Al final, como todo, siempre hay un primer día.
La música de Los Acebos vive mucho del contraste entre riffs potentes y pasajes acústicos e íntimos. ¿Ese equilibrio es algo que buscas deliberadamente cuando compones o las canciones te van llevando hacia un lado u otro?
Las canciones suelen nacer en mi casa, muchas veces con una guitarra acústica, cuando me engancho a una melodía que me parece atractiva o potente. El germen suele surgir un día en el que realmente tengo algo que contar; es como una especie de desahogo.
Después, trabajo esas ideas con Juande, y a mí eso me inspira un montón. A partir de ahí, la maqueta se va refinando poco a poco hasta que llega al estudio y toma forma definitiva.
Después de Puntos de Vista (2024) y el EP Esclavos de la Intensidad (2025), ¿qué sientes que ha cambiado más en Los Acebos: la manera de componer, la forma de entender el estudio o cómo te enfrentas a un escenario?
He aprendido un montón de cosas sobre la producción gracias a Juande. Tengo mucha suerte de poder ver cómo entiende él las canciones; desde ese punto, creo que las ideas que tengo en la cabeza las puedo materializar de una manera mucho más profesional en mi propia casa antes de pisar el estudio.
En la parte del directo también hemos aprendido un montón como banda. Al final, llevamos muchos bolos en un periodo de tiempo no muy extenso y eso te da tablas para ver la practicidad de las cosas. Aprendes muchísimo de los errores y de los contratiempos que van saliendo: eres más previsor, haces las pruebas de sonido más rápido y resuelves mejor cualquier imprevisto.
Además, nos hemos metido bastantes horas de ensayo centrados en hacerlo lo mejor posible. El típico cliché del local de ensayo y las birras, en nuestro caso, no es así. Ensayamos exactamente con la formación con la que vamos a pisar el escenario. Esto no quiere decir que en los conciertos no haya cabida para la improvisación y la espontaneidad, porque eso siempre pasa. Pero creo que, si ensayas algo tal y como va a ocurrir luego, tu cabeza se familiariza y todo fluye mejor.
Trabajaste en Esclavos de la Intensidad con Juan de Dios Martín, productor de artistas como Xoel López, Amaral o Leiva. ¿Hubo alguna idea, consejo o cambio durante la grabación que terminara modificando vuestra manera de entender una canción?
Me acuerdo de estar escuchando en bucle las seis maquetas de Esclavos de la Intensidad después de preproducirlas con Juande. Nos conocimos a través de un curso en Paideia, y empezar a trabajar con él fue totalmente casual; no había ninguna pretensión de grabar juntos ni nada por el estilo. Pero después de trabajar mis maquetas con él en tan solo ocho horas, lo llamé a los dos días y le pregunté si le molaría grabar el EP. Me hace mucha ilusión rescatar las canciones que compuse al principio, cuando ni tan siquiera tenía la idea de formar una banda.
Entonces, sí: Juande tiene muchísimo que ver en el sonido de lo que son a día de hoy Los Acebos y en cómo entiendo yo ahora las canciones.
Has pasado de estar en playlists editoriales y en el radar de nuevos artistas a telonear a The Cat Empire en La Riviera y Murcia, y también habéis dado vuestros primeros pasos internacionales en Liverpool y Viena. ¿Cuál de esos momentos os hizo pensar por primera vez que Los Acebos podía estar creciendo de verdad?
Todo pasa muy rápido y van pasando cosas. 2025 fue un año increíble. El otro día me dio por recopilar la trayectoria de la banda para esto de Instagram y, la verdad, ni me acordaba de todos los momentazos que nos dio Esclavos.
Antes de entrar en Esmerarte, era yo el que hacía todo el curro de prensa, booking y todo eso. Estaba tan metido en intentar hacer llegar las canciones a todos los sitios posibles que realmente no disfrutaba de las cosas que estaban pasando; por tanto, tampoco pensaba en el crecimiento de la banda como tal. Cuando de verdad sentí que el proyecto había dado un salto fue al entrar en Esmerarte. Tener un equipo detrás es para mí, sin duda, el mayor hito de la banda: se profesionalizó de verdad. Sigo trabajando muy duro, pero ahora mucho más centrado en la música y en los conciertos. Estoy muy contento con todo el equipo que hay detrás de Los Acebos y con todo lo que está pasando.

Y hablando de escenarios: ¿cuál ha sido hasta ahora el concierto o situación en directo más surrealista, inesperada o difícil de olvidar que os ha tocado vivir?
Precisamente, teloneando a The Cat Empire en La Riviera, se me rompió una cuerda en la tercera canción. ¡Llevaba una guitarra de repuesto de milagro!, básicamente porque ya no cabía nada más en la furgoneta. El instrumento estaba guardado fuera del escenario y tuve que salir corriendo, ponerle la correa y apañármelas sobre la marcha para seguir el concierto. Esto mismo te pasa en cualquier otra sala y no haces ningún drama, pero claro, ese bolo era de los más importantes hasta la fecha y estábamos algo acojonados. Al final, cambias de guitarra y «arreando que es gerundio», no queda otra.
El nombre del grupo y su universo tienen algo muy visual, mientras que las canciones hablan de vértigo, emociones, sueños y de salir de la zona de confort. Si tuvieras que explicar Los Acebos sin utilizar las palabras “indie” ni “rock”, ¿cómo lo harías?
Hacer canciones es mi manera de desahogarme. Cuando compongo una es porque realmente tengo algo que contar. Al final, esa situación o esa emoción que me llevó a escribirla la puede experimentar cualquier persona en su día a día. Las canciones hablan de cosas cotidianas que le pasan a todo el mundo, y creo que en esa libre interpretación radica la auténtica magia de la música.
Acabas de publicar tu nuevo álbum, 23, después de tres adelantos: “Nubes”, “Nuestra Revolución” y “Lienzo en blanco”. Para quien no lo haya escuchado, ¿qué podemos descubrir en el disco completo que todavía no hayan contado esos tres singles?
Poder sacar adelante este primer disco, con todo lo que arrastra detrás y la intrahistoria que tiene, me hace muchísima ilusión. Resume toda la trayectoria a nivel sonoro de la banda. Siento que es un verdadero regalo haber rescatado y vestido como se merecen aquellas primeras canciones que compuse en un local de ensayo cuando formar una banda ni siquiera estaba en mis planes. Todos esos temas los he vuelto a producir con Juande, trayéndolos hasta lo que son ahora mismo Los Acebos a nivel sonoro.
“Nubes” habla de dejarse llevar y asumir el caos; “Nuestra Revolución” de quemar el pasado y ver cómo los miedos pierden tamaño con el tiempo; y “Lienzo en blanco” apuesta por romper con lo establecido. ¿Hay un hilo común que atraviese 23 y que solo se entienda al escuchar el álbum de principio a fin?
Las primeras canciones que compuse tienen un carácter mucho más crítico hacia mí mismo; son temas un poco más oscuros. En cambio, las que vinieron después tienen un toque mucho más esperanzador. A nivel de temática y mensaje, creo que hay una evolución clara a lo largo de todo el disco. Sin embargo, a nivel sonoro, todas las canciones comparten un patrón común: tienen un sonido de banda de rock, directo y sin tapujos.
“Lienzo en blanco” parece especialmente significativa por esa idea de romper con todo lo establecido y por el protagonismo de las guitarras. ¿Qué fue lo primero que rompiste (musicalmente o creativamente) para que esta canción existiera?
Lienzo en blanco para mí fue una especie de catarsis: la rabia convertida en color estampándose sin freno sobre un lienzo vacío. Así lo sentía yo en ese momento.
La canción habla de exprimir la vida hasta el límite, de abrazar la intensidad y la alegría sin filtros. Las guitarras van cargadas de distorsión y buscamos que el tema fuera totalmente directo.
En realidad, no hice nada distinto en este con respecto al resto. Las canciones que compuse al principio hablan prácticamente todas de lo mismo, pero desde distintos puntos de vista. De todas ellas, creo que Lienzo en blanco es la más esperanzadora.
Si pudieras volver al Alberto que en 2023 decidió convertir aquella urgencia creativa en Los Acebos y enseñarle una sola escena de todo lo que ha ocurrido desde entonces, desde Puntos de Vista hasta la llegada de 23, ¿qué momento elegirías y qué le dirías?
A veces nos frenamos solos porque nos paraliza el vértigo de dar el primer paso. Se nos olvida que todo el mundo, absolutamente cualquiera, empezó alguna vez desde cero, y que la clave al final se reduce a tener la iniciativa de arrancar y la cabezonería de no soltarlo. Echando la vista atrás, reconozco que he flaqueado mucho con el síndrome del impostor y he dudado de mí en mil situaciones. Si tuviera que resumir un consejo para ese Berto de antes, sería que afloje el juicio propio, que crea en lo que hace y que aprenda a disfrutar del proceso. Sé que es lo más difícil de conseguir, siempre estamos obsesionados con la meta, pero es lo único que de verdad se queda cuando se apagan los focos.
¿Qué bandas emergentes del panorama actual recomendarías?
Me gusta mucho todo lo que está haciendo De Ninghures o Naitinain.
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