Antoine Fuqua (Training Day, The Equalizer) dirige este biopic sobre Michael Jackson, con guion de John Logan (Gladiator, El aviador) y producción de Graham King (Bohemian Rhapsody). En el proyecto participan también los hermanos Jackson como productores ejecutivos, lo que ha permitido un acceso privilegiado al legado musical del artista.
El film nos acerca a una parte de la vida de quien sigue siendo la máxima estrella del pop: cantante, compositor, productor y bailarín. La historia arranca en 1966, en Gary (Indiana), cuando Michael era apenas un niño y su padre, Joseph Jackson, formó junto a sus hijos el grupo The Jackson 5, siendo Michael el menor de todos ellos.
Desde esos primeros años, la película muestra cómo destacó su extraordinario talento, muy por encima del resto, y sigue su ascenso imparable hasta la publicación de su álbum Bad en agosto de 1987, en pleno apogeo de su carrera.
El film despliega una gran energía escénica, con momentos que vibran y transmiten el magnetismo del llamado “rey del pop”, especialmente en sus inicios. Es, en gran medida, una celebración de su música: incluye más de 30 canciones, recorriendo prácticamente todos sus grandes éxitos, en una auténtica fiesta sonora reforzada por una cuidada edición de sonido.
Pero también hay espacio para las sombras. La película aborda aspectos más complejos de su vida: el aislamiento emocional, su adicción a la cirugía y los analgésicos, y esa imposibilidad de crecer emocionalmente que lo ancló a una infancia perpetua, con constantes referencias a Peter Pan. Asimismo, se muestran episodios de la problemática relación con su padre, interpretado por Colman Domingo.
Uno de los grandes aciertos del film es su protagonista, Jaafar Jackson, sobrino del artista (hijo de Jermaine), cuya imitación resulta extraordinaria, especialmente en los momentos de canto y baile. También destaca el trabajo del joven Juliano Valdi, que encarna a Michael en su infancia con gran sensibilidad.
Michael presenta así la vida del artista como una historia de superación y éxito, sin renunciar del todo a sus contradicciones. Pese a la disparidad en la recepción crítica —con opiniones divididas—, el público ha respondido de forma mucho más entusiasta.
Estamos ante una película sencilla en lo narrativo, pero de gran espectacularidad musical y energía visual, profundamente disfrutable para los fans y para quienes quieran revivir el legado de una figura irrepetible.
Y todo apunta a que esto no termina aquí y que la historia continuará.
Cinéfila hasta la médula.









