Por Jaime Jurado
La novena edición del Mad Cool arrancó este miércoles con una jornada en la que el calor fue casi tan protagonista como la música. Nuestra aventura comenzó a las 18:30 en la estación de Villaverde Alto. Desde allí tocaba afrontar el ya clásico paseo hasta el recinto de Iberdrola Music, unos treinta minutos que, con el termómetro disparado, se convirtieron en una odisea por el desierto.
A medida que nos acercábamos al festival ya se intuía quién iba a ser el gran protagonista del día. Camisetas de Foo Fighters por todas partes dejaban claro que aquello era una auténtica peregrinación para ver a Dave Grohl y los suyos.
El recinto, que ya acoge su cuarta edición del Mad Cool y se ha convertido en el hogar más estable que ha tenido el festival, sigue mejorando año tras año. Moverse entre escenarios resulta cómodo, las zonas de descanso y restauración están mejor integradas y, una vez dentro, todo funciona con bastante fluidez. La parte menos amable sigue siendo llegar hasta allí.
La música empezó con The Last Dinner Party, una de esas bandas que están llamadas a ocupar un lugar importante en los próximos años. Su propuesta, elegante y teatral, encajó a la perfección con las primeras horas del festival. «Caesar on a TV Screen» sonó con fuerza y «Nothing Matters» confirmó que tienen un repertorio capaz de conectar con un público cada vez más numeroso.

Sin demasiado margen para el descanso llegó el turno de Wolf Alice. La banda británica volvió a demostrar por qué sigue siendo una referencia dentro del rock alternativo. Ellie Rowsell alternó la delicadeza de temas como «How Can I Make It OK?» con la energía de «Bros«, en un concierto que fue creciendo poco a poco y que dejó muy buenas sensaciones.
Con el sol empezando a esconderse apareció The War on Drugs. Puede que no fueran el grupo más esperado del cartel, pero sí uno de los que mejor supo aprovechar ese momento del día. Su sonido envolvente, elegante conecto con el publico para crear un momento muy especial.
Y entonces llegó el gran problema de la noche. Alguien pensó que era buena idea hacer coincidir prácticamente a Foo Fighters, Moby y The Vaccines. Tres conciertos muy esperados, tres estilos completamente distintos y una decisión imposible para muchos asistentes. Seguramente fue el aspecto más discutido de toda la jornada.
Nuestra elección fueron Foo Fighters y, visto lo visto, era difícil equivocarse. Dave Grohl sigue teniendo un carisma fuera de lo normal y la banda ofreció exactamente lo que el público esperaba: dos horas de rock sin descanso. «All My Life» abrió el camino y, a partir de ahí, fueron cayendo himnos como «The Pretender«, «My Hero«, «Learn to Fly«, «Best of You» o una emocionante «Everlong» para cerrar un concierto que convirtió el escenario principal en un auténtico karaoke multitudinario.

Nos acercamos hasta Moby para disfrutar del tramo final de un concierto que, pese al injusto solape, demostró el enorme nivel del artista estadounidense. Con una puesta en escena impecable y un sonido espectacular, temas como «Bodyrock» o «Why Does My Heart Feel So Bad?» transformaron el recinto en una gigantesca pista de baile
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