Texto y fotografías por Paula Pérez Miranda

Bosque encantado entre sombras y luz, un susurro lejano debe ser el ganado. Mágica noche bailando entre árboles, hadas aleteando, las horas pasando. De nuevo amanece y en cada suspiro, la magia florece. Luciérnaga, bebe de esta copa… ¡Y serás eterna!” Estos son los versos que tienen grabados los vasos del Festival Observatorio 2024, que se celebró los pasados 27,28 y 29 de junio en Balboa. Y también los que resumen a la perfección las sensaciones que se pueden experimentar en este y que, por supuesto, se han vivido en esta edición. Una edición en la que todo apuntaba a que los outfits iban a ser día sí y noche también chubasquero y botas, pero que para sorpresa de todas se bañó por sol y una luna más que despejada.

Después de cinco ediciones, Observatorio ha demostrado un año más que es uno de los mejores festivales independientes de música y arte por excelencia. Y tiene su porqué. La ubicación es uno de los must, pues se realiza en el idílico paraje del Bierzo, concretamente en Balboa: un pueblo escondido en los Ancares leoneses, resguardado por pallozas y, sin duda, el mejor lugar para perderse y encontrarse. Esto se suma a la ausencia de aglomeraciones: a pesar de que hizo un sold out de escándalo y a una velocidad feroz al lanzar las entradas, Observatorio 2024 ha mantenido su aforo de ediciones pasadas, respetando así su relación entre el festival y el pueblo, algo de lo que pocos festivales pueden presumir.

Además, al paisaje se añaden otras muchas piezas que componen una fortaleza resplandeciente en medio de la naturaleza (y es que literalmente Balboa cuenta con un Castillo): su lineup repleto de grupos variados (que tal y como aseguran las propias organizadoras en el cartel “todos son calidad suprema”), los talleres, su compromiso con lo local y la sostenibilidad y, por supuesto, su dedicación constante a la creación de un espacio seguro, con un punto violeta (a cargo de Cruz Roja) siempre activo, como el espíritu durante los tres días de festival.

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Día 1) 27 de junio

Aunque durante el día no había nada programado, los asistentes se encargaron de autogestionar su propio taller (supervisado por organizadoras y voluntarias): montar el campamento base de descanso, reuniones, desayunos, conversaciones y todo tipo de ocurrencias. Una vez tuvo forma, se pasaba a la acción, lo que se traducía en subir una cuesta color verde  y atravesar el bosque que lleva a la escucha en el Auditorio Natural de Balboa, donde esperaban los destellos personificados en grupos de música.

Esta primera noche la arrancó Delameseta, grupo ganadoren el concurso de proyectos emergentes, ensalzando música de raíz y fusionándola con electrónica, Gara Durán siguió con intimismo y naturalidad, dando paso a Toldos Verdes gritando nuestros nombres a todo trapo. Después le tocaba el turno a Teo Lucadamo, acompañado de Doritos, La Tostada y ritmos pegadizos, seguido de la DJ, productora y cantante chilena Lizz. Subidón, euforia y calor a pesar de las temperaturas, esa era la escena que se dibujaba en ese momento, en el que como dos lazos perfectos y llamativos aparecieron las actuaciones que vistieron el cierre de la noche uno de Observatorio: Tomasa Del Real, con un show de neoperreo, y el ecléctico DJ y productor granadino Natural Language. Las pilas cargadas y la mística bien limpia para ir a por el día dos de un festival que acababa de empezar.

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Día 2) 28 de junio

El desayuno del segundo día de Observatorio contuvo todos los ingredientes e Instrucciones para bailar como un bosque y profundizar en la conciencia física. En eso consistió el primer taller de una mañana repleta de otras muchas actividades y propuestas centradas en reforzar la importancia de lo local y lo vernáculo. Rocografías y Estenopinos (¿Qué verían las piedras si tuvieran ojos?) en la Palloza de Chis y Technofacial (expresión y movimiento) fueron otros de los talleres, junto a Balboa Observa, el proyecto colaborativo creado por Enrique Villamuelas, que a partir de ahora sirve como archivo digital del patrimonio cultural de Balboa y de las nuevas realidades e imaginarios que se exploran en los talleres.

observatorio balaclava

Al mediodía, la pradera floreció con los ritmos de Stonzee y, después, de Hanna Plum. Allí, además de bailar, se podía conectar con el río, situado justo al lado (en el Puente de los Besos). Sin duda, fue otro de los meeting points claves del festival,  ideal para armar un conjuro con el que refrescarse las ideas y ahuyentar las ásperas resacas antes del anochecer, que ya avecinaba jaleo.

La velada nocturna comenzó con Irenegarry, con melodías indie-pop, desparpajo y mucha sinceridad; siguió El Buen Hijo y  un energético indie-rock que se convirtió en remedio para ensalzar el desamor. El ritmo cambió con la entrada de Hofe x 4:40, que inundó el ambiente con potencia, beats y letras contundentes, con una gran respuesta por parte del público, siendo una de las actuaciones que más encendió el festival y el jaleo.

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La llama la siguieron 111, con una propuesta de electrónica experimental llena de composiciones de multitud de texturas. Luego, Dalila tomó el relevo con su mezcla de R&B y soul, proporcionando un respiro perfecto para llegar al final con Alvva y su electrizante set de música electrónica, que brindaron un cierre perfecto para la penúltima noche.

 

Día 3) 29 de junio

La última jornada del festival amaneció con una Ruta Botánica que más que una caminata fue una manera de explorar el entorno de una forma casi mágica. Al mismo tiempo, la creatividad y el ingenio se hicieron presentes en la Palloza de Chis con Un Mego Colectivo, donde se construyó una cesta desde cero de manera grupal. Mientras, los Relatos Pararrealistas de un Posible Valle capturaron la imaginación de quienes se reunían en el merendero de la pradera.

Eso sí, para las más deportistas y curiosas sobre la herencia de Balboa,  Fantasía Deportiva Interrular Berciana y el Encuentro en la Casa de las Gentes fueron los escenarios elegidos mientras pegaba el sol, donde se tejieron conversaciones profundas sobre la importancia de nuestras raíces.

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Después de los talleres, de nuevo la música tomó el control en la Pradera con un vibrante set de Mounqup DJ, seguido por Tamarindo, Cachetona- B2B- Lejia y Ego-Trip, llenando el aire con ritmos que hicieron bailar a todos sin descanso. Y mientras el sol se despedía, el Auditorio Natural se preparaba para el gran final. Desde las 22:00 horas, una alineación de lujo con Merina gris y su fusión de electrónica e introspección, seguida de las asturianas Viuda llenas de actitud y entremezcladas entre el público en más de una ocasión. Después del jolgorio y la garra, Diego900 & Claudio Montana fueron el momento de pausa y escucha, más que necesario, ya que había que coger fuerzas para los VVV Trippin You, que no dejaron a nadie indiferente. Akazie, y finalmente, Dinamarca, ofrecieron actuaciones memorables que resonaron con la esencia misma del festival.

Una traca final de diez. Un final que no fue solo el cierre de tres días en los que se creó el imaginario perfecto de naturaleza, cultura y música, sino la culminación de un crescendo de emociones y sonidos que dejaron huella.

Hasta la próxima edición, Observatorio. Mención especial a las y los organizadores de este increíble lugar. Gracias por recordarnos que en la naturaleza, la música no solo se escucha, también se siente.

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Fotografía by @stephen.please