Solo. Encima de un globo terráqueo suspendido en el centro del Riyadh Air Metropolitano. Sin banda sobre el escenario, sin equipo de baile y sin entradas de pista. Así reapareció Kanye West, ahora conocido simplemente como Ye, en España veinte años después de su último concierto en nuestro país. Dos décadas en las que ha cambiado prácticamente todo: su nombre, su imagen pública, su posición dentro de la industria y la percepción que el mundo tiene de él. Lo que, sin embargo, sigue intacto es la magnitud de un catálogo que pocas figuras del siglo XXI pueden igualar.
Madrid recibió la visita de Ye con ambiente de gran acontecimiento. El Metropolitano presentaba una imagen muy cercana al lleno, con apenas algunos huecos en las gradas más altas, algo meritorio teniendo en cuenta el elevado precio de las entradas. Desde horas antes del inicio era evidente que no se trataba de un concierto cualquiera: muchos fans extranjeros, camisetas del merchandising oficial por todas partes y una sensación compartida de estar asistiendo a una cita difícilmente repetible.
Poco después de las nueve de la noche arrancó un espectáculo que durante dos horas convirtió el estadio en un recorrido por la carrera de uno de los artistas más influyentes de las últimas décadas. En total, 36 canciones que atravesaron prácticamente todas las etapas de su discografía. La propuesta fue tan directa como ambiciosa, todo giraba alrededor de Ye y del enorme globo terráqueo que presidía el escenario, una estructura que parecía elevarlo por encima del estadio mientras el sol caía sobre Madrid y la noche terminaba de envolver el recinto.
La producción visual fue impecable. El diseño del escenario, minimalista pero impactante, encontraba su fuerza precisamente en la ausencia de artificios. El movimiento constante del globo y la iluminación, que iba transformándose conforme avanzaba la noche, aportaban una dimensión casi cinematográfica al concierto. La única nota negativa llegó en el apartado sonoro: en algunas zonas del estadio los graves perdían definición y la mezcla no alcanzaba la contundencia que exige una música construida, precisamente, sobre ese tipo de frecuencias.
El viaje musical comenzó con «KING», que sirvió como carta de presentación antes de enlazar con un inicio demoledor formado por «Father Stretch My Hands Pt. 1», «Can’t Tell Me Nothing», «Niggas in Paris», «Mercy», «Praise God», «Black Skinhead», «On Sight», «Blood on the Leaves», «CARNIVAL» y «Power». Fue una primera media hora prácticamente sin respiro, donde el Ye más clásico convivió con el de sus trabajos más recientes. La energía fue creciendo canción tras canción, con el público entregado desde el primer momento, especialmente en los estribillos de «Can’t Tell Me Nothing» o «Power«, convertidos desde hace años en auténticos himnos generacionales. La dureza industrial de «Black Skinhead» y «On Sight» contrastó con la épica de «Blood on the Leaves«, mientras «CARNIVAL» confirmó que incluso su material más reciente ya funciona como un éxito masivo en directo.
La parte central del concierto rebajó ligeramente la intensidad para dar paso a canciones más melódicas y emotivas. «Bound 2», aunque con algunos tropiezos vocales, abrió un bloque que continuó con «Fade», «Heartless», «ALL THE LOVE», «FATHER», «EVERYBODY» y «Famous». Fue un tramo menos explosivo pero más emocional, donde Ye dejó que las producciones y las voces pregrabadas ocuparan gran parte del protagonismo. Algunos temas aparecieron en versiones abreviadas, otros quedaron interrumpidos antes de tiempo, pero la respuesta del estadio apenas decayó. Especialmente celebrada fue «Heartless«, recibida como uno de esos clásicos capaces de unir a varias generaciones de seguidores.
El set continuó mirando hacia sus primeros años con una sucesión de clásicos que explican buena parte de su influencia en el hip hop contemporáneo. «Run This Town», «American Boy», «Jesus Walks», «All Falls Down», «Through the Wire», «Gold Digger», «Touch the Sky», «P.Y.T. (Pretty Young Thing)», «Good Life» y «Homecoming» transformaron el Metropolitano en una enorme celebración nostálgica. Aunque varias de ellas fueron interpretadas en versiones reducidas, bastaban unos pocos compases para provocar una reacción inmediata del público. «Jesus Walks» mantuvo intacta su fuerza dos décadas después de su lanzamiento, mientras «Gold Digger» y «Touch the Sky» demostraron por qué siguen siendo algunos de los momentos más festivos de cualquier concierto de Ye.
El desenlace fue un recordatorio definitivo de la dimensión de su catálogo. «All of the Lights», reinterpretada con una nueva producción tras un primer intento, dio paso a «Flashing Lights», «Stronger», «Ghost Town», «Runaway» y «TRUE LOVE», encargada de cerrar la noche. Si hubo un momento en el que el estadio pareció detenerse fue durante «Runaway«. Interpretada junto a la MPC y desarrollada con un final instrumental mucho más extenso, se convirtió en el instante más íntimo de un concierto pensado para las grandes masas. Después llegaron los últimos acordes de «TRUE LOVE«, estrenada en esta gira con una nueva producción, y el globo terráqueo terminó de elevarse mientras el público despedía a Ye consciente de haber asistido al regreso de una figura irrepetible.
No hubo saludos de rigor ni apenas interacción con el público. Tampoco invitados sorpresa. La música fue el único hilo conductor de un espectáculo que renunció deliberadamente al exceso para dejar que hablara una discografía que ha marcado el sonido del siglo XXI.
Vídeo de «Runaway» (Grabado con el vivo X300 Ultra)
Más allá de las polémicas que rodean a Kanye West desde hace años, el concierto de Madrid confirmó una evidencia difícil de discutir: pocos artistas son capaces de condensar veinte años de innovación, éxitos y relevancia en dos horas sin que el repertorio pierda fuerza. El Metropolitano asistió al regreso de un músico tan controvertido como imprescindible, que eligió dejar de lado cualquier explicación para responder con aquello que mejor sabe hacer: canciones. Ser el último rockstar es lo que tiene.
¿Volverá a España algún día? Parece improbable, por eso lo vivido ayer tiene aún más valor.
Fundador y Director de wakeandlisten.com. Siempre con música.









