Sanguijuelas del Guadiana hicieron historia el pasado fin de semana en la Alcazaba de Badajoz, reuniendo a 17.000 personas en dos noches consecutivas en las que sus fans acompañaron al trío extremeño en los conciertos más importantes de su carrera hasta la fecha.
No era una parada más de la gira Verbena en Vena. Era volver a casa. Y se notó desde el primer acorde.
Te contamos más sobre qué ocurrió en ambas fechas.
Mucho más que dos conciertos
Carlos, Juan y Víctor llevaban más de un centenar de conciertos recorriendo España, pero estas dos noches tenían un significado especial. Actuar con la Alcazaba como telón de fondo, en la provincia donde crecieron y frente a miles de personas llegadas desde toda España, convirtió el espectáculo en una auténtica celebración de su trayectoria.
Además del repertorio, la banda volvió a demostrar que ha construido un universo propio. La icónica Cochera que preside el escenario, el ya mítico Opel Meriva con el que comenzaron sus primeras giras, aparcado a la entrada del recinto, o una realización audiovisual cada vez más cuidada reflejan que Sanguijuelas del Guadiana ha trascendido el formato de banda para convertirse en un proyecto con una identidad muy reconocible. Ya lo comprobamos en el episodio de Encuentros con ellos, y en directo lo demuestran aún más.

Dos canciones nuevas en su setlist
La gran sorpresa llegó en la parte central del concierto. Lejos de conformarse con celebrar el éxito de Revolá, publicado hace algo más de un año, el grupo decidió estrenar dos canciones inéditas ante su público más cercano.
La primera, interpretada desde la intimidad de una nevera convertida en improvisado asiento, comenzó de forma acústica antes de crecer hasta un emocionante desenlace, con referencias directas a la propia Alcazaba de Badajoz.
Poco después llegó un segundo tema, presentado entre bromas por la banda como una canción «que no sabemos si verá la luz alguna vez«. Un corte de rock de raíz nacional que confirmó algo que muchos intuían: el talento compositivo de Sanguijuelas del Guadiana está muy lejos de agotarse.
En un momento donde la industria musical parece exigir velocidad constante, Sanguijuelas del Guadiana continúa demostrando que también existe otro camino. El del crecimiento pausado. El de los conciertos construidos con cariño. El de una comunidad que ha ido creciendo actuación tras actuación hasta convertir a tres chicos extremeños en uno de los fenómenos más especiales de la música nacional.
La ovación con la que Badajoz despidió a la banda fue mucho más que el final de dos conciertos. Fue la confirmación de que Sanguijuelas del Guadiana ya juega en otra liga, sin perder la cercanía, el sentido de pertenencia y esa forma tan suya de convertir cada escenario en una verbena donde todo el mundo se siente en casa.
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