Por Jaime Jurado
El segundo día de Mad Cool confirmó que cada jornada del festival tiene personalidad propia. Si el miércoles estuvo claramente dominado por el rock, el jueves fue el turno del pop. Desde primera hora se notaba un cambio de ambiente. El recinto reunió a mucho más público, con una presencia muy destacada de gente joven atraída por un cartel claramente orientado hacia el pop internacional. Además, la programación se alargó hasta las dos de la madrugada, haciendo que la jornada tuviera un ritmo mucho más intenso que la inaugural. El calor volvió a hacer acto de presencia durante toda la tarde, aunque esta vez quedó en un segundo plano ante el ambiente que se respiraba desde la apertura de puertas.
Nuestra primera parada fue Lorde. La artista neozelandesa debutaba por fin en Madrid después de una larga espera por parte de sus seguidores. Había actuado anteriormente en España, pero nunca en la capital, por lo que la expectación era máxima. Y no defraudó. Con una puesta en escena sobria y elegante, y sin necesidad de grandes artificios, fue construyendo un concierto muy emocional en el que sonaron clásicos como Royals y Green Light, junto a las canciones de Virgin, su último trabajo. Fue uno de esos conciertos que consiguen conectar con el público desde la naturalidad.

Después llegó el turno de Zara Larsson, que convirtió su escenario en una auténtica fiesta. La artista sueca desplegó toda su energía sobre las tablas y demostró por qué es uno de los grandes nombres del pop europeo. Antes del gran cierre de la noche hicimos una parada para ver a La Paloma. Los madrileños ofrecieron un concierto intenso y directo, confirmando el gran momento que atraviesa una de las bandas más interesantes de la escena independiente nacional. Su actuación dejó también una reflexión inevitable. Resulta llamativo que un festival de la dimensión del Mad Cool, celebrado en Madrid, apenas reserve espacio para artistas españoles y que ninguno de ellos ocupe las primeras líneas del cartel. No se trata de reclamar una cuota, sino de reconocer el excelente momento que vive la música hecha en nuestro país y darle una presencia acorde a su calidad.
Con el recinto completamente lleno llegó el momento más esperado de la jornada. Florence + The Machine no solo cerraba el jueves, también ofrecía uno de los conciertos más esperados de todo el festival. Florence Welch volvió a demostrar que es una artista única sobre el escenario. Desde su aparición consiguió crear una conexión inmediata con el público gracias a una interpretación tan intensa como elegante.

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