El problema fue del examen inglés. Mi plan: Me preparo concienzudamente para hacer el examen y tengo como premio mi increíble título de B1 y mi borrachera antológica gritando temas de Green Day, peeeeeero noooooooooo, tuvieron que cambiar el examen y ponerlo el siguiente lunes tras el Road To Río Babel.

Porque de esto va el asunto, de un festival, de la presentación de un festival, mejor dicho. Road To Río Babel es la antesala del propio Río Babel 2024. Cosa que causó bastante gracia entre los asistentes al aparecer en las pantallas el elenco de artistas que actuarán en el festival el próximo 4, 5 y 6 de julio. No me vas a comparar a The Hives en Road To Río Babel con Amaral en Río Babel, ni ha Lagwagon con Nil Moliner. Y mucho menos a los putos Green Day con Juanes. 30S40s50s, a esos, los puedes comparar con quien quieras.

Road To Río Babel se celebró en el mismo asentamiento en el que se celebrará Río de Babel: la Caja Mágica. Te bajas en la parada de San Fermín y, ale, en línea recta por el corredor hasta conseguir un chino al que le queden latas frías. Date prisa. Mi favorito es el del final, junto al bar. Allí nos reunimos todos. Y esta vez en masa, con crestas, camisetas de Subersión X y camisa negra con corbata roja, look mítico de Billie Joe Armstrong en aquel disco que marcó la adolescencia de muchos: “American Idiot”. Joder, casi puedo oír a los abusones del instituto golpeándome con él sonando de fondo. Era el momento de ser emo o seguidor del puto “Punk californiano”, apelativo con el que los seguidores de La Polla o Eskorbuto denominábamos el género de bandas como Offspring, Blink-182, Sum 41, Simple Plan o los mismos Green Day.

Unas latas con Amanda, que vive en frente y nos dejó usar su baño, yo siempre acudo con el recto expédito a los conciertos, saludo al guitarra de Crispy Bats, reencuentro con mi colega de Albacete, reencuentro con  el guitarra de Osezno… Te dirás, “Joder, cuánto reencuentro”. Pues sí, nunca había visto a tanta gente en ninguna edición del festival, y creo que tampoco en La Caja Mágica. Es normal que coincidiéramos todos los máquinas. Un saludo, lo primero de todo.

Durante The Hives, magníficos por cierto, esta vez el cantante no se hirió la frente al girar el micro en el aire, me pregunté si la organización del festival estaría a la altura de dicha marabunta. Una cosa es que sepan innovar y por fin haya cerveza sin gluten en la barra, y otra es hacer llegar la magia del rock a tanta peña. 35.000 entradas se vendieron.

Como digo The Hives estuvieron sublimes pese a las horas de sol, y el hecho de que yo hubiera olvidado rociarme con el pegajoso protector solar que aconseja mi chica, con voz de Pitufo, antes de salir de casa. “¿Te has puesto la crema solar?” ¡No, joder, Laura, soy punky! Lo he olvidado, como el resto de asistentes, ¡SOMOS PUNKYS!, no tememos a la muerte. Por lo menos hasta que nos sobrevenga el diagnóstico de cáncer de piel por irresponsabilidad tácita.

Howlin’ me hacía olvidar lo que escocía ya el sol en la nuca gracias a sus aspavientos iggypoperos sobre el escenario y a las risas que provocaba con su español chapucero, más bien de guiri intentando ligar en los chiringuitos de la Malvarrosa. Todos le agradecían el intento de comunicación. “Ha engordado” pude oír. Claro, toda la banda ha engordado, como también lo han hecho su viejos temas. Hate to Say I Told You So, Tick Tick Boom, o Come On! sonaron como grandes ballenas cayendo al mar desde un helicóptero Apache y nos salpicaron a todos. Y aunque abrieron con hits más modernos como Bogus Operandi, eché en falta su última sensación: Hooked On A Feeling, versión trajeada en blanco y negro de la fiestera:  Hooked On A Feeling de Blue Swede. Ambas bandas son suecas.

Y tras escuchar un par de temas de 30S40s50s y elegirlos como dignos para ausentarme y cenar algo, llegó la hora de responder a la gran pregunta: ¿Estará la organización del festival a la altura del número de asistentes al evento? Lamentablemente, tenemos que decir que hubo un grave problema que frustró a mucha gente: en la zona media del concierto de Green Day, se escuchaba bastante mal. Al menos, no con la potencia necesaria para bailar como se debe con esta música o justificar el gasto de la entrada. Esto puteó a muchos. Un amable público que en vez de amotinarse y ser muy punk con la infraestructura optó por resignarse y, como muchos, huir hacia la gran pantalla situada atrás. Allí, a ver el concierto vía streaming. Yo y mi grupo fuimos parte de los damnificados.

 

Pero vayamos al lío. ¿Cómo se portó Green Day? Pues de puta madre, claro. Yo nunca los había visto y aquello fue un espectáculo como pocos. Billie Joe se desmadraba con su guitarra en estado de gracia, Tré tocaba la batería con tanto ahínco que parecía que le iba a explotar el collar de perlas por la tensión que alcanzaba su cuello, y Mike nos dedicaba caras graciosísimas mientras hacía el amor con su bajo. Hicieron algo que se antoja arriesgado: tocarse los dos discos más populares de la banda del tirón. Por supuesto, salpimentaron con algún tema del nuevo disco (Look Ma, No Brains!, por ejemplo) y gracias a Dios, porque es jodidamente bueno, y con alguno que otra improvisación más (Iron Man de Black Sabbath) . Pero vamos, daba la impresión de que podrían haber tocado himnos religiosos o promocionales de la Baticao que, con ese espíritu, nos habrían hecho saltar igual. “¡Osaaaaaaaaaaaaaaaaaanaaaaaa en el cieeeelo!”

Bien, mis queridos lectores de Wake, ¿cuáles son los dos discos más populares de esta banda? Eso es, Dookie y American Idiot. Todavía recuerdo cuando mi hermano trajo a casa el Dookie, es un disco de su generación, con el que lo petó Green Day por primera vez. Toda un florilégio del que destaco en el concierto Welcome to Paradise y Basket Case. Pese a que era evidente que la banda seguía el disco para el concierto todos dieron la bienvenida a estas canciones como si fueran bises. Dios, cómo suena en directo When I Come Around, mi preferida. Te impulsa el ritmo en el cuerpo, pero no uno rollo violento y fiestero, al estilo de American Pie, no, te dan ganas de caminar, no sé, por la ciudad, con las manos en los bolsillos mientras asientes levemente con la cabeza y sonríes.

Luego llegó el turno de American Idiot, y emperifollaron el escenario con la temática. Si el Dookie era de la generación de mi hermano mayor, American Idiot es el disco de Green Day que pertenece a la mía. Recuerdo preguntarme en su día por qué cojones Green Day tiene un tema que se llama igual que otro de Sabina: El Bulevar de los Sueños Rotos… Y lo volví a preguntar en alto cuando sonó Boulevard of Broken Dreams. Nadie me supo responder. En realidad, odiaba ese disco, se volvió muy popular en aquellos años junto a la peste emo que asomaba por cada rincón. Y yo creo que algo tiene de emo ese disco, no sabría decir qué, pero lo tiene. Las reivindicaciones contra la administración Bush estaban muy bien, pero yo todavía era un nirvanero adicto al mal rollo, y aquel pop punk comercial sonaba en todas partes. No podía ser bueno. Pero, bueno, pelillos a la mar. En todo caso ya me he reconciliado con el disco, y no a razón del concierto, sencillamente los años pasan y te das cuenta de aquellos temas han permanecido porque eran verdaderamente buenos, joyas incluso, en el caso de Wake Me Up When September Ends o Holiday que sonaron como nunca en el concierto.

No quería acabar esta excelente y altamente subjetiva crónica sin saludar a la tipa que la tomó con nosotros por bailar y empujarla en un concierto PUNK, y a la que finalmente le metí cuatro gritos:

“Señora, si no quiere mancharse la camisa, no pise la era. Váyase al Teatro Real a rapear zarzuelas o a la zona habilitada, en este mismo recinto, para minusválidos. El resto sabemos a qué hemos venido”,

En ese momento un vibrante y oportuno Billie Joe Armstrong gritó a su público: “¡Come on, let´s go crazy!”. Yo le sonreí a la señora y todos volvimos al pogo para rabia de ella, que se perdió entre la multitud con su cara de amargada. Gracias Billie por explicar en una frase lo que es el punk y a que se viene a un concierto punk. Gracias, Green Day.