El grupo de folk rock The Waterboys actuó este pasado 1 de diciembre en la mítica sala madrileña La Riviera, donde el lleno absoluto reinó durante las más de dos horas de presentación.
Liderado por el cantautor escocés Mike Scott, a su conjunto, formado por Eamon Ferris a la batería, Aongus Ralston al bajo, y Brother Paul y James Hallawell a los teclados les acompañó como teloneras el grupo The Deep Blue, un cuarteto de indie-folk formado por cuatro talentosas chicas de Manchester expertas en las armonías vocales.
Con las entradas agotadas desde hacía meses, The Waterboys se encuentran embarcados en una gira mundial, terminando este año con varios conciertos en España, muchos de ellos también con el cartel de sold out, y dándose un merecido descanso hasta mayo del año que viene, cuando comenzarán sus actuaciones en Australia, Nueva Zelanda y, de nuevo, Europa.
Las chicas de The Deep Blue se subieron al escenario de La Riviera minutos después de la apertura de puertas, amenizando la espera con armonías vocales exquisitas y una impecable interpretación musical. Después de interpretar canciones de su repertorio como He Said She Said, también se atrevieron a versionar a Fleetwood Mac y su Everywhere, ganándose una gran opción del público antes de finalizar su actuación sobre las 20:30 horas.
A las 21:00, con una precisa puntualidad, aparecieron en el escenario los protagonistas de la noche, The Waterboys, encabezados por un Mike Scott con sombrero cowboy y gafas de sol que, cuando dio comienzo la primera canción, paró al resto de sus músicos para afinar correctamente su guitarra. Una vez a su gusto, empezaron el espectáculo con una versión de Me and Paul, original de Willie Nelson.
A esta le siguieron varios temas icónicos más, como Glastonbury Song, la preciosa How Long Will I Love You, Medicine Bow o Be My Enemy, canciones con las que se empezó a animar el público. Mike Scott intercambió su guitarra eléctrica por una acústica para interpretar, de nuevo, una versión, esta vez de Bob Dylan, con su Knocking on Heaven’s Door.
Para terminar con este primer set, no faltaron dos canciones icónicas de la formación, Fisherman’s Blues y This Is The Sea, ambas de sus discos homónimos de la segunda mitad de los años 80 con las que el público agradeció mediante gritos de júbilo y aplausos a la vez que salían todos los intérpretes del escenario.
El segundo set se centró en su totalidad en interpretar canciones de su último disco, Live, Death and Dennis Hopper, con los roadies decorando el escenario con retratos del actor norteamericano antes de que regresaran los músicos. Una vez todos preparados, comenzaron a interpretar Kansas, con la que mostraron en la pantalla principal del escenario imágenes y grabaciones de Steve Earle, músico y activista que, en a finales de los 60 y principios de los 70 actuaba para concienciar en contra de la Guerra de Vietnam.
Entre canción y canción, Mike Scott comentaba anécdotas e historias relacionadas con Dennis Hopper para presentar las canciones basadas en su vida y carrera, siempre con la ayuda de Katie Emmanuel, la teclista y cantante de The Deep Blue, que traducía al español todo lo que contaba el cantante. Así, presentaron entre los dos otras canciones del disco, como Live The Moment, Baby, Michelle (Always Stay), dedicada a Michelle Phillips de The Mamás and The Papas, que estuvo casada con Hopper durante una única semana; o Golf, They Say, que ahonda en la pasión del actor por este deporte.
En muchas de esas canciones, las chicas de The Deep Blue volvieron al escenario junto a su compañera Katie para hacer los coros y armonías de las canciones de este set dedicado al disco de Hopper, un añadido especial y auténtico que sorprendió al público, recién enamorado de la música de las intérpretes.
Además, este fue el momento de que deslumbrasen de forma individual los músicos de la formación, especialmente Brother Paul y James Hallawell, que interactuaron juntos en el escenario y destacaron por su carisma. Brother Paul, además, destacó en algunos momentos con sus solos soul y godspell en su teclado Wurlitzer, pero también con su presencia escénica al tocar un increíble keytar.
Con la muerte del actor, The Passing of Hopper, concluyó esta sección de The Life and Death of Dennis Hopper, dando comienzo al último set de la noche, dedicado ya a los temas bandera de The Waterboys, como fueron Don’t Bang The Drum, devolviendo al público la euforia que se había rebajado durante la sección anterior.
A este tema, casi sin descansar, le siguió A Girl Called Johnny, Spirit y The Pan Within, avisando que eran ya las últimas canciones de la noche, recibiendo de los asistentes unos sonoros “ooohhss” de pena. Despidiéndose de todos ellos, la banda al completo salió del escenario y dejó que pasaran unos minutos para, ahora sí, terminar con los bises, a los que les volvieron a acompañar las chicas de The Deep Blue a los coros.
Por supuesto, en estos bises no podía faltar su tema insignia, The Whole of The Moon, que Mike Scott interpretó sentado en el teclado de James Hallawell y con el que le acompañó el público entero. Para terminar, hicieron una especie de canción encadenada junto a Everyday People, la canción indiscutiblemente final de la noche. Recibiendo grandes ovaciones, silbidos y aplausos, ahora sí, la banda junto a The Deep Blue se despidieron, agradeciendo el amor del público y deseando volver a actuar pronto en su próxima gira.
Varias ciudades españolas hicieron sold out con los conciertos de The Waterboys, y no era para menos pues, aunque la edad no perdona, Mike Scott y sus músicos tienen energía y actitud de sobra para tocar y cantar durante más de dos horas, no perdiendo en ningún momento la vitalidad de sus instrumentos. A pesar de ello, la sección dedicada al disco de Dennis Hopper no fue tan bien recibida como el resto de canciones interpretadas, dando el público a entender que lo que prefieren es escuchar los grandes éxitos de la banda y olvidarse de las nuevas publicaciones.
El impecable directo de The Waterboys es una ocasión única e imperdible que, todo fan del rock y, en concreto, del folk rock no debería pasar por alto. Si bien Mike Scott no tiene la voz considerable, su destreza con la guitarra y las letras hacen pasar por alto ese detalle, al igual que su acompañamiento, destacando el talento de los teclistas, pero sin desmerecer a la sección rítmica.
The Waterboys han actuado hace no mucho tiempo en nuestro país y han llenado los recintos en los que han actuado, por tanto, y siguiendo esta lógica, es probable que no nos lo volvamos a perder en futuras giras. ¿Y quién no querría disfrutar de un directo tan impecable e imbatible como el que han ofrecido The Waterboys?
Rockera hasta la médula y kpopera de arriba a abajo. Si me has perdido, me encontrarás en la primera fila de la pista/los conciertos (elige el que mejor suene). Jim Morrison está vivo.







