arctic monkeys whatever people 10

Aún recuerdo cuando vi por primera vez el nombre de los Arctic Monkeys. En Guía del Ocio hablaban de cuatro chicos asquerosamente jóvenes (aunque no tanto como yo) que estaban poniendo patas arriba Reino Unido con su música. Habían triunfado gracias a su éxito en MySpace y tenían preparado dar el salto con su primer disco en unos meses. El escepticismo llamaba a la puerta, pero tenía que escuchar esa fiebre de la que hablaban.

No sé cómo llegaría a ella, seguramente a través del eMule o Ares, pero la primera canción que escuché de Alex Turner y compañía fue “When The Sun Goes Down“. Me impactó el cambio de ritmo de su inicio y ese riff machacón inquebrantable. Fue como un chute instantáneo de adrenalina.

A partir de ese momento, Arctic Monkeys me tenían ganado. Me escuchaba sus canciones en bucle, sabía todo de ellos y mis estados del MSN respiraban todas sus letras. “Estos tíos van a superar a los Beatles“, le soltaba convencido a mis amigos. Cuando se publicó Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not no tardé en comprarlo. En CD, claro. Todo en él, desde las canciones hasta las imágenes que incluía, era bueno. Con el paso de los años, y de las escuchas, puedo afirmar que ha sido una de las compras mejor amortizadas que he hecho nunca.

Hoy, 23 de enero de 2016, ese disco cumple 10 años. Esa maravilla atemporal que valorarán mis nietos se hace mayor. Lo hace al mismo ritmo que el resto de los mortales, pero por él no pasan los años. Sus doce canciones siguen sonando a nuevo y a rabia post-adolescente. Pase lo que pase, seguirá siendo una genuina forma de control mental llevada a cabo con unos pocos acordes.

Y ese cierre perfecto con “A Certain Romance“, maldita e intensa balada, seguirá siendo la mejor forma de terminar un disco.

Ahora ya no hay eMule, ni Ares. O eso creo. Hay fórmulas y herramientas más sencillas de llegar a cualquier tipo de música. Hagamos bueno uso de ellas y dediquemos este día al Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not que nos cambió la vida.

By Ray Vegas