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“¿A quién se le ocurre programar un concierto el 30 de diciembre?”, “Su último disco no es ni la mitad de bueno que los anteriores”, “Es el cantante más sobrevalorado del país”… Frases, frases y más frases. Ninguna de las personas que las han pronunciado se han parado a escuchar sus discos en más de una ocasión y tampoco estarían presentes ese 30 de diciembre en Madrid, día en el que Leiva hizo historia de la música española.


Allí estaba el Palacio de los Deportes (ahora WiZink Center). Lleno hasta la bandera, muy caliente tras los directos que Coque Malla, M Clan y Quique González ofrecieron esa misma semana. Sin invitaciones de más para rellenar huecos, unas triquiñuelas que él no necesita. El aspecto que mostraba ese estadio era apabullante. Pocas bandas han logrado esa imagen, solo las elegidas. Todas las personas que llenaban hasta el último resquicio esperaban a Leiva, al gran Leiva: el espíritu de Madrid, la voz del rock and roll nacional del siglo XXI. Un jugador de la noche, un compositor de himnos.

El sentimiento que se respiraba era de fiesta, de optimismo de fin de año, de reencuentros emocionantes entre amigos de toda la vida. Porque todo el mundo estaba allí, toda la ciudad esperaba impaciente a las 21:45, hora fijada para que apareciera el flaco.

Y no se hizo de rogar, solo unos minutos de rigor de más. Fue en ese instante cuando comenzó. Luces fuera, volumen óptimo, pantalla a cada lado del escenario y “El Último Incendio” sonando para dejar claro que esto iba en serio, que iba a ser el mejor concierto de la carrera de Leiva. Y ese, al igual que en su último disco, era el tema elegido para empezar la experiencia. Lo que le siguió fue una comunión total entre público y artista, entre los vítores y la Leiband, entre los antiguos amantes de Pereza y los últimos en sumarse a la familia gracias a Monstruos. Y hubo regalos y momentos para todos.

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Con sus canciones más recientes (“La Lluvia en los Zapatos“, “Guerra Mundial” o “Breaking Bad“), demostró que en directo las lleva a un peldaño aún más emocionante que en estudio, haciendo cambiar de opinión a aquellos escépticos a los que su último trabajo no les había terminado de convencer. Con los temas de su primer y segundo disco, que ya podrían considerarse clásicos, incendió el ánimo de gran parte del público. Y es que canciones como “Eme“, “Afuera en la Ciudad” o “Miedo” son las que marcan el camino, las que hacen aún más fans a los fans de siempre. Porque en directo, en el cara a cara, es donde sacan con aún más ansia su garra. Fue a mitad de concierto cuando Leiva decidió encontrarse cuerpo a cuerpo con su público. En “Vis a Vis” y “Vértigo” se atrevió por un acústico a pelo, junto a su guitarra y con la banda acompañándole alrededor del micrófono. Uno de los momentos más especiales de toda la actuación. Finalmente, con las canciones de Pereza fue cuando la melancolía se apoderó de la voz de todo el Palacio de los Deportes. Su unión en “Como Lo Tienes Tú“, “Superjunkies” o “Animales” superó al sonido de los amplificadores y logró el éxtasis colectivo.

También hubo menciones inesperadas y pasionales. Una de ellas dirigida a Rubén, su otra mitad en Pereza, al que dedicó unos versos de “Estrella Polar“. La otra, lanzada con el deseo de vivir un directo “sin móviles”, llegó en los últimos minutos. Una iniciativa que llevó a cabo en “Lady Madrid“, canción con la que cerró el concierto. Dos horas tras las que absolutamente nadie salió decepcionado. Teniendo en cuenta que fueron 15.000 personas las que asistieron al directo, el dato de “decepción 0%” puede considerarse como un desafío (superado) a la probabilidad.

Porque, como he comentado en otras ocasiones, Leiva ha dado con la clave de la composición. Él ya sabe los acordes que funcionan, la fórmula del éxito. Para seguir removiendo conciencias (y oídos) solo es necesario un cambio de orden en cada uno de ellos. Si la matemática acierta, como suele ocurrir, el tema será una delicatessen. Y esa es su forma de decirnos que podemos estar tranquilos, que seguirá publicando canciones y discos contundentes, preparados para tocarnos de nuevo la fibra sensible que está dentro de cada uno de nosotros.

Cuidado con las expectativas, Leiva puede superarlas.


By Ray Vegas