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Más vale tarde que nunca. Eso dicen. Lo bueno se hace esperar. Eso también dicen por ahí. Por una u otra razón, la crónica del SOS se ha hecho esperar hasta el día de hoy. Y no, aún no nos hemos podido sacar de la cabeza el olor del “césped”, el McDonalds del Eroski, la libertad del festival murciano y los espectaculares conciertos que pudimos vivir allí.

El primer fin de semana de mayo se celebraba en Murcia el SOS 4.8 Festival, uno de los festivales españoles que se ha ganado a pulso el respeto de público y crítica. Y todo comenzaba como de costumbre, un viernes. Antes, la ciudad pudo disfrutar de algunas fiestas pre SOS pero fue el viernes cuando llegó la chicha.

El emplazamiento del festival, para el que no lo conozca, se sitúa casi a orillas del Río Segura y destaca por su cercanía y comodidad en los desplazamientos (parezco el Trip Advisor). Es decir, el recinto se sitúa a escasos metros de un parking en el que la mayoría de gente acostumbra a hacer el previo de los conciertos y los escenarios están separados por escasos 2 minutos a pie. Por lo que, fijándonos en cosas así, podríamos señalar que las señas de identidad del SOS son la accesibilidad, el buen ambiente y el sentimiento de estar como en casa.

Aunque también podríamos señalar cosas menos buenas como los kebabs sin salsa o el reggaeton que sonaba en algunos coches que se acercaban al festival. Pero bueno, la organización no tenía la culpa de eso (¿o sí?).

Centrándonos en la música, los conciertos interesantes comenzaban el viernes con dos bandas nacionales: La Habitación Roja e Izal. Unos, con muchos kilómetros de carretera, una larga carrera y temas que en directo nunca fallan, y los otros, una de las revelaciones del pasado año para algunos medios, con una carrera incipiente y con muchos años por delante para demostrar lo que valen. Ambos dieron conciertos más que aceptables, sobre todo Izal empujados por unos fans inquebrantables.

Lo bueno de verdad llegaba justo después. Y cuando digo bueno de verdad es que fue, en mí opinión, el mejor concierto del SOS: The Strypes.

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Lo de estos adolescentes roza el descaro extremo. De hecho, estamos seguros que no hay ninguna banda tan descarada sobre un escenario con su edad. Puede que no hayan inventado nada, que no intenten algo nuevo pero su rock and roll añejo y potente es ejecutado a la perfección. Por un momento, los aires de los 60 y 70 tomaban Murcia y llevaban al público a una locura absoluto. El álbum debut de los británicos está repleto de joyitas y en su actuación no faltó ninguna de ellas.

El rock and roll no estaba muerto, solo estaba esperando a una banda digna para revivirlo, y parece que ya la ha encontrado: The Strypes.

Tras los entusiastas menores de edad le llegaba el turno a otra banda cuyo líder podría haber pasado perfectamente como uno de ellos. Luke Pritchard y sus The Kooks volvían al SOS tras su desastroso concierto de 2011, en el que estuvimos, que dejó al público con ganas de matar. En esta ocasión parece que tenían la lección mejor aprendida y se dedicaron a soltar temas de su primer disco, que son los únicos que verdaderamente tienen algo de magia. Y sí, la conservan. Años después de su publicación, Inside In / Inside Out sigue fresco y muy digerible en directo. Otro cantar son los temas del nuevo disco del grupo. Insufribles. Han perdido su punch. Una pena. Eso sí, instrumentalmente reconocemos que estuvieron perfectos.

Pero si el concierto de The Strypes fue una locura, lo que venía más tarde lo superó con creces. No hablamos de calidad musical sino de descontrol. Desde que The Prodigy saltaron al escenario se comenzaron a formar los primeros pogos que no abandonarían las primeras filas en ningún momento del concierto, y que uno que escribe aguantó hasta bien entrada la mitad del setlist. En ese momento vi adecuado retirarme más atrás para seguir impresionado por como estos hombres mantienen aún viva su electrizante llama más de 20 años después de su formación. “¿Qué se toman?” Pensaba. Quizás nada, pero si usan algo deberían regalarle al mundo el secreto de la vitalidad infinita.

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La primera jornada del festival iba llegando a su fin y el cierre lo protagonizaban Is Tropical y la electrónica de The Bloody Beetroots y los insulsos The Zombie Kids.

Al día siguiente había que levantarse prontito, o dejarse levantar, ya que había que vivir una de las novedades de esta nueva edición del festival: el Red Bull Tour Bus. En la céntrica Plaza de Santo Domingo y a la hora del aperitivo, se celebraron los conciertos de León Benavente o Nunatak, perfectos para comenzar con fuerzas la última jornada de fiesta. Estos últimos, murcianos ellos, nos dejaron con ganas de más y un sentimiento de que el año que viene vivirán el festival en uno de los escenarios principales. Estamos seguros de que su épico sonido lo logrará.

Los platos fuertes comenzaron a la misma hora que el día anterior, previa copita al atardecer. Triángulo de Amor Bizarro tomaban las riendas del escenario principal por primera vez y sí, joder, ese bajo de Isa y esa potencia se lo merecían. Qué manejo del directo y que golpetazo en la cara te mete su sonido. Puede que en sala pequeña lo revienten aún más, pero vivir su directo en un espacio abierto le da un toque especial a esas “Estrellas Místicas” que son estos gallegos. Empezaba bien la tarde.

El concierto posterior era ni más ni menos que el de Damon Albarn, líder de Blur y Gorillaz, en el que presentaba su primer disco en solitario. Su foto preside la crónica y no es para menos. El del SOS era el segundo concierto oficial de presentación del álbum, tras el de Londres. Aún está carburando su directo, pero consiguió sacarlo adelante como solo las leyendas saben hacerlo. Fue un ejemplo perfecto de como funciona un “de menos a más”. Es cierto que la mayoría de los temas de su trabajo son un rollo que, en principio, no pegaría nada con un festival lleno de fiesta y electrónica. Pero cuando decimos que supo sacarlo adelante es que lo hizo. Su combinación con temas de Gorillaz y Blur en el setlist fue lo que reclamaba el público. Ese “Tender” final fue un canto a la vida.

Además, la banda que le acompaña es espectáculo puro. Voces de otro mundo para apoyar al gran Albarn y capaces de sacarte una sonrisa, y hasta algunos bailes, en “Mr Tembo”, la canción más alegre de lo nuevo del británico. En definitiva, un concierto sobresaliente de una figura atemporal.

Tras él, los franceses Phoenix volverían a traer los saltos, el movimiento y la fiesta al escenario Estrella Levante. El suyo fue un concierto constante de energía incansable. Sus directos siempre se han caracterizado por no dejar a nadie insatisfecho y en Murcia no iba a ser lo contrario. Sonaron temas de todos sus trabajos, en los que destacaron “Consolation Prizes” y “Entertainment”. El carisma de su líder Thomas Mars, llenó todo el recinto del festival. Acabó encaramado en la valla de la primera fila, dándole al público lo que buscaba: desenfreno.

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Del fin de fiesta y las horas finales del SOS se encargaron bandas tan dispares como los míticos Pet Shop Boys, con más cambios de vestuario que Britney Spears, Fangoria, que subió (cómo no) a su inseparable Mario Vaquerizo al escenario y montó una buena bacanal, Erol Alkan o el Dj Set de Totally Enormous Extinct Dinosaurs. Además, debemos reseñar la tremenda sesión que se marcó Gold Panda en el escenario secundario. Canela fina.

Y eso fue todo. Una edición que había sido muy criticada por su cartel, pero que al fin y al cabo volvió a triunfar con Sold Out, buena organización y otro puñado de conciertos imborrables a añadir a la larga lista que el SOS nos proporciona cada año.

El año que viene más y mejor. El SOS no para y seguro que tienen muchas sorpresas preparadas para su próxima edición. Nosotros estaremos allí para vivirlas en persona, ¿y tú?.

Crónica by @RayVegas