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Las explosiones de aplausos son mucho más leves en aquellos conciertos en los que ves a los miembros de la banda preparar tranquilamente el escenario para su directo. Aún así el vociferio general que recibió el bombo de “Northern Seaside”, tema elegido para abrir boca, denotaban las ganas que había de ver a Motorama.

Y digo para abrir boca, porque si bien este primer corte de su álbum Alps, es de una calidad reconfortante, estábamos impacientes por escuchar los ataques de riffs rasgados de forma electrizante de otros temas más movidos. Y ya sea de paso por ver los meneos de su vocalista Vladislav Parshin.

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El subidón no se hizo esperar. Minutos después, la banda empezaba a romper su estática quietud para entregarse a brillantes ritmos, y el público respondió proporcionalmente a la revuelta que se estaba organizando en el pequeño escenario de Charada. Parshin se doblaba victima de ataques fulminantes y se recobraba para entregarse a espasmódicos quiebros, el fantasma de Ian Curtis no planeaba solo en su voz, también en sus bailes.

La segunda crecida llego en cuanto “To the South” arranco sus primeros acordes, una canción con un tirón tremendo que merece salas y públicos más grandes. Lo mismo pasó con “Image” y sus característicos punteos, que levantaron otro aullido en cuanto hicieron aparición.

Quizás el punto menos álgido estuvo en una especie de entretiempo en el que los rusos se sumieron en temas más pausados. El concierto seguía deleitando, pero quizás fue un cambio de marcha demasiado brusco. Aún así, nos dejamos invadir por sus atmósferas nostálgicas, una reminiscencia de lo que ellos mismos dicen que les inspira: la naturaleza, y las novelas clásicas de aventuras. Fue un momento perfecto para tocar “Rose in the Base” que mantuvo en directo esa especie de belleza estival. Haces luminosos rasgaban la estética oscuridad propia de la banda.

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Así enfilaron la última arremetida, con un Parshin que cada vez se crecía más y fustigaba con el cable de su micrófono el plato de la batería. “White in the Light” tuvo un final aún mas apoteósico gracias a su entrega. La batería de “Sometimes” pesaba enardeciendo el auditorio. Liberada la fiera para cuando volvieron a cerrar con “Alps” tras un breve refrigerio, andaba quitándole los micrófonos a amplis y batería, para, manojo en mano, llevarse el platillo para su uso personal mientras cantaba. Entre aplausos y gritos todavía encontró tiempo antes de despedirse, para desmontar un poco más el escenario antes de abandonarlo en absoluto caos. La traca final de un concierto donde Motorama fue capaz de dar aún mas lustre a un repertorio ya de por sí excelente.

Crónica y fotos by Fernando de Torres Valentí

Os dejamos con algunas fotos de la noche.

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