Rate this post

the vaccines ballantines

Recuerdo una escena de Mad Men en la que el bueno de Don Draper, después de una agradable cita con una conquista más en su larga lista, recibía sexo oral en el taxi a modo de cariñosa despedida. Después de decir adiós, mientras la veía marchar, se escuchaba su voz en off decir algo así como que en ese momento no pensaba en si la volvería a ver, o en si se lo había pasado bien, si no en el resto de mujeres que se estarían tocando esa noche, solitarias, en su mismo edificio.

No había hecho más que terminar con una preciosa chica y ya estaba pensando en la siguiente, o en las que se estaba perdiendo.

Pues bien, no entraré a juzgar su actitud, pero es así como nos tiene que hacer sentir un buen festival:

Satisfechos con lo que vemos, entristecidos por lo que nos perdemos y ansiosos ante lo que sigue.

Si hablamos de un festival con unos 140 artistas distribuidos en 17 salas, las posibilidades de conseguir un menú más que apetecible son amplias, pero, ojo, no por ello algo sencillo. Lo cierto es que bravo, misión cumplida.

El  viernes 9 de junio, además de avecinarse el primero de los muchos fines de semana abrasadores que asolarán la capital en lo que promete ser un verano infernal, nació un gran festival, un proyecto ilusionante: el Ballantine’s True Music Festival.

Multitud de cajitas blancas encerraban nombres de grupos conocidos y por conocer en una especie de puzle de salas y horarios que cada uno debía negociar y planear.

El nuestro comenzó con un clásico madrileño, los Parrots, que dieron lo prometido: altos decibelios, sentimiento de mahou verde, gritos y pogos. Con un nuevo guitarrista en la formación (miembro también de King Cayman y FAVX), la banda volvió a demostrar la actitud adecuada.

La ruta continuaba con una flecha enorme y luminosa que nos llevaba directos a la calle arenal, a los enormes The Vaccines. Quien diga no haber disfrutado, brincado, chillado, elevado cuerpos flotantes o sentido el seísmo humano en ese concierto no comparte especie o planeta con quien suscribe estas líneas.

Los ingleses reventaron himno tras himno sobre un público que sólo pedía más mientras empapaba sus camisetas y formaba círculos que harían estallar al sonar los acordes indicados. El resto, como suele pasar con momentos seguidos del éxtasis, está borroso.

¿Día siguiente?


Oh, Belako! dieron un más que estimulante concierto perfecto para volver al juego y entender sobradamente el éxito que llevan cosechando estos vascos desde 2012. Química y buenos ingredientes sobre el escenario traducidos en buena música: voces llegando de lugares misteriosos, guitarras agonizantes y destellos de colores ondulados.

Sigamos, salir de but en plena tarde, a estas alturas, aturde. Optamos por movernos poco y entrar al Teatro Barceló para seguir con la muy disfrutable banda indie-pop-gold-pink-flow-rock sueca The Royal Concept. Fue como volver a esos 2010 donde parecía que este tipo de música sería para siempre y que en algún momento todos apareceríamos disfrazados de animales en el bosque. Bonito reencuentro.

Y para terminar, en contra de lo que pedían las piernas, bajamos la Gran Vía para presenciar cómo un mallorquín llamado Luis Alberto, L.A, daba una lección de Rock&Roll sobre el escenario del Círculo de Bellas Artes. Como los grandes del género, transmitió tener ese callo, esa calma, esa sensación de tener miles de historias que contar y muchos años con la guitarra colgada al cuello.

Ya está, se acabó.

¿Que pudimos elegir mejor? ¿Que nos perdimos a La Femme, Kakkmaddafakka, Agorazein, Carlos Sadness, (inserta tu grupo favorito aquí)…? ¡Puede! Lo cierto es que terminamos satisfechos, sintiendo lástima por lo que no pudimos ver y con ganas del próximo.

Eso sí, nunca arrepentidos. ¡Hasta la próxima!


By Juan Girón / Foto de Ballantines