Crónica by Dimas Pardo

Fotografías by Río Babel


“Hombre, bujarrilla, ¿qué tipo de mariconadas has hecho por el fin de semana del Orgullo Gay?”, me escribieron mis siempre considerados amigos del pueblo… “Pues fui de festi, lo más amanerado que vi fue a Enrique Bunbury sobre el escenario.”

Esto pasó el domingo cuando yo me extendía sobre mi cama, suplicante por los excesos, y abrazado a mi pareja. Hablo del ventilador. Con el que mantengo una relación estival que no incluye coito pero sí mucho cariño. Cualquier día le pongo un nombre bonito, “Arwen” o “Sakura” y me desposo.

DÍA I: “En el colegio me llamaban Bunbury Caqui”

El viernes llegamos a las inmediaciones del Río Babel, allá a tomar por el culo, en la nada de oficinas acristaladas. Mi escudero fotógrafo (Fotoescudero) y yo nos dimos un codazo mientras nos secábamos el sudor y dábamos agua a nuestros caballos: “Pero… ¡¿dónde coño bebe aquí fuera la gente?! (Problemas del primer mundo festivalero).

Se acercó por el desierto de adoquines ardiendo otro desesperado como nosotros. Nos indicó, mientras se tiraba de sus bigotes, que la venta de cerveza más cercana fuera del en formato Chino Estándar, estaba a media hora andando.

¡No lo hagáis! Yo he llegado solo a la mitad, –cogió de la pechera a mi amigo –al tercer desvanecimiento me he rendido. Unos cuáqueros en diligencia me han traído de nuevo hasta aquí. “La Senda Gargantuesca”, me han advertido, es lo que se dice un pogromo de festivaleros. (Dramatismo)

Así que le dimos unas monedas y nos reunimos con el resto de dipsomaníacos sedientos que no entiende que este tipo de cosas suceda en el bar más amable y cercano. Vimos el partido (¿Bélgica – Brasil?) mientras el festival comenzaba y disfrutamos de que el clavo por la birra no fuera tan alto e irrespetuoso.

Nathy Peluso sonaba a nuestra entrada. “Perfecto”, le dije a mi escudero, “Esta chica no me gusta nada, supera mi compromiso con lo moderno y más actual”. Sin embargo el público le pedía más y más haciéndola sentir bastante mal porque ya se había pasado su tiempo.

Mientras nosotros explorábamos la zona. Muy pequeño y cuco todo, como una casa de muñecas festival hecha de astillas de polos. Todo encajaba. Escenario, público, barras, establecimientos de comida, baños. A la derecha la zona VIP. Minucioso y conciso. Perfecta distribución.

Por supuesto, tras hacernos pasar por varias personalidades, con y sin bigote, para conseguir diferentes y numerosas muestras gratuitas de güisqui con no sé qué, fuimos a ver si con nuestra mágica pulsera de prensa nos dejaban pasar al apartado VIP.

Qué gusto da cruzar el umbral saludando al portero como si fuera Fernando Tejero en Aquí no hay quien viva y ver a todos aquellos afortunados paciendo en la sombra del césped, junto a un Terradyne Gurkha de RedBull que nadie sabía que hacía allí. Todos como animalitos con dinero. Allí conocimos a cantidad de gente paciente con nosotros y con nuestra aleatoria pero precisa forma de pedir tabaco. Con ellos, ya que nos empezábamos a sentir muy a gusto, fuimos a ver el resto de conciertos.

juanito makande rio babel

Juanito Makandé juntó al paisanaje rumbero. “Mira, la chava que vendía maquinaria Boch para la ferretería de mi pueblo”. El lugar era tan coqueto y pequeño que podías encontrarte una y otra vez con esa gente que quieres volver a ver tras un primer y frugal encuentro. Yo a Juanito todavía no se la tengo perdonada desde que cogió uno de mis versos favoritos de Kiko Veneno para sumarlo a una de sus letras y llegar a que, ese verso, lo conozca más gente por su tema que por el de mi querido Kiko. “Y en un cuartito los dos veneno que tu tomaras, veneno tomaba yo”. Pero allí sonaba “El Habitante de la tarde roja”, una obra que requiere más de una escucha y que para nada parece tan simple como podría señalar la primera puesta.

Llegaba el momento. Apartábamos gente a puñados. Queríamos un puesto privilegiado. “No me puedo creer que haya llegado el día. Hoy me topo con mi `Héroe´ de la adolescencia y de la infancia, Ray (el fotógrafo)… El tipo que salía en todos los pósters de mi cuarto y que aún defiendo como `El mejor´ en acaloradas trifulcas de taberna. Me metió en el rock y en problemas por pintarme las uñas, cierto día, para imitarlo cuando iba aún a la ESO. Él es Enrique BUNBURY. Me lo puso por primera vez mi primo Lote en Fuente de Esperanza, y a día de hoy todavía sigo imitando su espectacular voz en la ducha o cuando acelero en el coche.”

Y verdaderamente no podía creerlo, el tipo que esperaba que fuera de lo más egocéntrico y subnormal se comportaba como un profesional de lo más simpático en el escenario. Y aunque por los recortes de tiempo tuvo que excluir muchas de sus canciones promocionales de su último disco, tocó las esenciales. Sonaban diferente con la brisa que se había levantado por fin en la campiña, “La actitud correcta”, “En bandeja de plata” y “Cuna de Caín”, con una firmeza tal que eras capaz de verte imitando al cantante en cada inflexión de su voz. “Oh, miralo como hace esas poses suyas tan poco naturales, me encanta”.

Otros temas legendarios para los seguidores como “De mayor”. “Sí”, “El hombre delgado que no flaqueará jamás”, emocionaron tanto, que el público, entre sí, castañeaba como si fueran dientes tras una ventolera helada. Luego unas canciones que nunca pensé que ya oiría. Sí, cumpliendo con su promesa, Bunbury hizo un recorrido por toda su historia y llegaron las míticas (y místicas) canciones de Héroes del Silencio. “Mar adentro”, “Héroe de leyenda” y “Maldito duende”. Mecidos por las guitarras iniciales de Mar adentro, el público se hizo de agua y no se endureció hasta que tuvo la oportunidad de tararear el “Uou-uou-ouoo” de Maldito duende. Por eso sentó tan mal que Alamedadosoulna comenzara tan rápido su show, sin dar ni un respiro para que el público llorara como se debe ese ultimo Lady Blue.

Al rato de comprobar cuanta gente había venido solo a ver a Enrique, para comunicarnos entre nosotros y demostrar lo seguidores que podíamos llegar a ser, cada uno contaba su anécdota: “¿Sabes? en el colegio todo el mundo me llamaba Bunbury Caqui”, dije mirándola a los ojos y agitando mi katxi de cerveza.